En el artículo de hoy, atreviéndo
me de nuevo con el cine, me gustaría escribir unas ideas que he tenido al ver Chronicle en la pantalla grande, dirigida por Josh Trank y escrita por Max Landis. No voy a parar en muchos aspectos, sino más bien en lo que se me cruzó por la cabeza mientras veía la película.
Un poco de Found Footage
He ido al cine porque hacía demasiado tiempo que no lo hacía, y hay que refrescarse de novedad... ¿novedad? bueno, no siempre es novedad, pero por lo menos te entretienes, comes palomitas, y quién sabe, ¡alomejor te encuentras una sorpresa!
Con Chronicle me esperaba la típica peli de medianos tirando a grandes efectos especiales con un argumento flojillo pero suficiente para deslumbrar con sus emocionantes sucesos, y tal. Pero cuando empezó la cosa me encontré con algo inesperado: había sido rodada por diferentes cámaras y diferentes “narradores”, o lo que es lo mismo, la historia era una compilación de breves grabaciones distintas, técnica cinematográfica que se conoce generalmente como Found Footage, término que podría traducirse como cine de material encontrado, referido a su carácter original, según el cual se cogían partes de películas, y sacándolas de su contexto, creaban un cine con diferente sentido al de sus “progenitoras”. Este tipo de cine tiene una larga trayectoria underground, pero a partir de 1990 fue rescatado del práctico anonimato en el que sólo lo conocían los más íntimos del cine, y desde entonces no ha hecho más que subir en popularidad y en uso, como es el caso de las conocidas The Blair Witch Proyect y Paranormal Activity de EEUU, o REC como ejemplo en el cine español. Debido a esa naturaleza, teóricos del mundo audiovisual se han molestado en tratar el tema, llamado a esta técnica remontaje audiovisual (Weinrichter), desmontaje (Bonet), o postproducción (Nicolás Bourriaud). Sin embargo, yo no encajaría el found footage comercial actual en el término postproducción por la sencilla razón de que este material “encontrado” ha sido creado con la intención directa de crear un único sentido en una única película, y ni ha sido buscado sino fabricado, ni reconstruido sino enfocado a un único fin.
Buenas vibraciones con Chronicle
Añadido el apunte sobre el Found Footage, porque me parecía interesante dejar más o menos claro por dónde van los tiros, voy ya con mi ráfaga de sensaciones con esta frenética muestra de originalidad en lo ya creado (no
del todo, claro). Dentro de poco me entenderéis.
La verdad es que me llevé una buena sensación al salir de la sala, aunque con ciertos detalles rondando en mi cabeza. La trama en base no tiene mucho de especial, tres chavales en una fiesta rave van borrachos y encuentran un extraño agujero en mitad del campo cercano al lugar de la fiefhta, por supuesto, entran y ¡pum, se conviertieron en choca... en super héroes!, o mejor dicho, en poseedores de un poder rarete y descomunal. Por tanto, conocemos a tres personajes clave: Andrew (interpretado por Dane DeHaan), el chico marginal y maltratado por su padre. Matt (Alex Russell), su primo buena gente pero poco social que pasa de él (porque es lo que le faltaba para finiquitar su vida social) y el que no pinta nada, pero que se mete en la trama, digamos, de casualidad, Steve (Michael B. Jordan). Sin pararme más en la trama: Me gusta que no nos metan que esa roca luminosa viene de Marte o de Pekin, no me interesa (+10), me gusta que hagan suya una historia aparentemente típica, consiguiendo un punto de vista diferente a todo lo anterior. Un mundo de superpoderes sin elementos barrocos, exagerados, espectaculares (+100). Es una historia natural de cómo unos chavales se encuentran con poderes, de cómo les afecta a cada uno según su naturaleza, y de cómo pasaría en realidad si llegara a darse el caso de que unos estudiantes se encuentran con tal peligro de tesoro. Al menos es la sensación que a mi me causó. Bien, eso sumado a la técnica de la primera persona, la historia de los tres jóvenes está llena de vitalidad y de realismo, cosa muy importante cuando se pretende vender como real un cuento de ciencia-ficción.
Hay algo que me llamó la atención, y que consideré mientras charlaba con mi hermana, que me acompañó a verla. En teoría, al ser un compuesto de imágenes y sonidos, se podría imaginar que la historia fue reconstruida más tarde por algún interesado (Ahí sí que sería íntegramente Found Footage), y claro, habría espacios en los que no habría información alguna debido a que hay momentos en los que los personajes difícilmente podrían llevar una cámara. Y, ¿qué haces ahí? Pues director, guionista &co. lo vieron fácil (alomejor no): cámaras de seguridad. En pleno siglo XXI estamos rodeados y vigilados como si fueramos famosos y ellas paparazzis, ¡automatizados! (miedo). Así que por ejemplo cuando Andrew necesita dinero para intentar salvar la vida de su madre, entra a robar a una triste gasolinera. Él tiene la excusa de estar obsesionado por las cámaras y tener el poder de levitarlas, pero no les vino mal hacer uso de las cámaras de seguridad cuando la gasolinera explota y todo lo cercano a él arde de lo lindo.
Peeeeero, hay otras ocasiones en las que el uso de una cámara ya no parece tan creíble, y otras en las que a mi parecer, incluso estorba. Por ejemplo, ¿quién llevaría una cámara estando gritando de horror mientras se encuentra encerrad* en un coche que está colgado a metros y metros por encima del suelo en la punta de uno de los edificios más altos del mundo? Pues la chica rubia-rollo de Matt, además de muy freak de las cámaras, debía ser adicta a las alturas y un poco emo, porque si no no encaja.
Luego están los detalles que para mi, estorban. Lo de la chica no encaja, pero se perdona, porque da una
sensación de vertiginosidad y de adrenalina increíble. Pero cuando estás viendo una escena dramática en la que sólo estás pendiente de lo que expresan los personajes, una cámara que se supone fija, va y... recorta el ángulo con zoom (o acercándose). ¡Pues vaya! Me refiero a la escena del hospital, de Andrew tras su accidente pirotécnico, cuando el padre llega y le culpa de la muerte de su recién fallecida madre. Al comenzar la secuencia se oye una voz en off que dice “la cámara es necesaria para la investigación policial”, y dejan paso al padre que habla a solas con el accidentado (no le diría lo que le dice si hubiera alguien escuchando además de la cámara). Claro, tú estás pendiente a ver si el cabrón del borracho le va a romper algo más, por gusto de coleccionista, o si sólo le va a volver a marear con sus historias de pirado, pensando que están sólos. Y va y se mueve la cámara. Alomejor yo me despisto con facilidad, pero me desconcentró por unos momentos esa contradicción, justamente en una escena bastante dura e importante. Pensarían que acercar el plano daría más dramatismo, pero en ese caso, hubiese preferido ese plano fijo, sin alteraciones, creo que incluso hubiera sido más duro por lo frío de estar observando a escondidas. En fin, esto, cómo no, vuelve a ser cosa mía, tal vez no lo compartáis. Son pequeños detalles que a la hora de disfrutar de la película no tienen una gran importancia, y son excepciones, así que, no tienen mayor importancia. Añado algo sobre los efectos especiales. Me hubiera llenado que les dieran
más tiempo. Ya que trabajan un presupuesto golpeando y arrastrando coches, podrían haberlo enfocado durante más tiempo, con dos o tres segunditos más me habría sentido satisfecho. Pero que el protagonista se ponga a aplastar a la policía y sus vehículos sean enviados a freír chatarra, y sólo lo saquen durante el golpe y medio segundo más, me dejó con una cara de “:D... :(“. Te deja con ganas de más, o tal vez soy yo un destroyer peligroso.
Dicho todo esto, concluyo remarcando que si esta película me ha atrapado no ha sido debido a grandes
efectos especiales (aunque haya tenido mi dosis de adrenalina visual), sino más bien porque Josh Trank y Max Landis han conseguido que me sorprendan la mayoría de escenas (está claro que viendo a Andrew bastante cabreado y a Steve insistiendo en medio de una tormenta, no crees que le vaya a hacer cosquillas precisamente, y aún así la escena siguiente produce un shock). Gracias a sus recursos han montado un ritmo inesperado, fuerte, de altibajos. Parece que vayan a morir todos y al instante están riendo y jugando a la innovación deportiva de la década (béisbol inalámbrico). Y algo mejor
todavía, aún no siendo el típico malo malote, se podría decir que Andrew es el antagonista, y sin embargo es el protagonista. Y su primo Matt, se convierte en el verdadero superhéroe sin que nadie lo espere, y ¡hasta se queda con la chica, tú! (aunque a saber cómo acaba eso tras la exhibición de talentos ante toda la ciudad...). Para mi, esta historia valdría perfectamente como “el antes del superhéroe por todos conocidos”, y no lo hemos previsto sino hacia el final de la película, aunque se dieran pistas cuando se muestra el lado de líder responsable de Matt. Vale, eso es cierto.
En fin, sin duda la recomiendo. Una buena historia, para mi ciertamente innovadora en la narración de historia de superhéroes, y además se sitúa entre mis películas favoritas del año. Sin duda, de ahora en adelante prestaré atención al trabajo de este emergente dúo de cineastas.
me de nuevo con el cine, me gustaría escribir unas ideas que he tenido al ver Chronicle en la pantalla grande, dirigida por Josh Trank y escrita por Max Landis. No voy a parar en muchos aspectos, sino más bien en lo que se me cruzó por la cabeza mientras veía la película.Un poco de Found Footage
He ido al cine porque hacía demasiado tiempo que no lo hacía, y hay que refrescarse de novedad... ¿novedad? bueno, no siempre es novedad, pero por lo menos te entretienes, comes palomitas, y quién sabe, ¡alomejor te encuentras una sorpresa!
Con Chronicle me esperaba la típica peli de medianos tirando a grandes efectos especiales con un argumento flojillo pero suficiente para deslumbrar con sus emocionantes sucesos, y tal. Pero cuando empezó la cosa me encontré con algo inesperado: había sido rodada por diferentes cámaras y diferentes “narradores”, o lo que es lo mismo, la historia era una compilación de breves grabaciones distintas, técnica cinematográfica que se conoce generalmente como Found Footage, término que podría traducirse como cine de material encontrado, referido a su carácter original, según el cual se cogían partes de películas, y sacándolas de su contexto, creaban un cine con diferente sentido al de sus “progenitoras”. Este tipo de cine tiene una larga trayectoria underground, pero a partir de 1990 fue rescatado del práctico anonimato en el que sólo lo conocían los más íntimos del cine, y desde entonces no ha hecho más que subir en popularidad y en uso, como es el caso de las conocidas The Blair Witch Proyect y Paranormal Activity de EEUU, o REC como ejemplo en el cine español. Debido a esa naturaleza, teóricos del mundo audiovisual se han molestado en tratar el tema, llamado a esta técnica remontaje audiovisual (Weinrichter), desmontaje (Bonet), o postproducción (Nicolás Bourriaud). Sin embargo, yo no encajaría el found footage comercial actual en el término postproducción por la sencilla razón de que este material “encontrado” ha sido creado con la intención directa de crear un único sentido en una única película, y ni ha sido buscado sino fabricado, ni reconstruido sino enfocado a un único fin.
Buenas vibraciones con Chronicle
Añadido el apunte sobre el Found Footage, porque me parecía interesante dejar más o menos claro por dónde van los tiros, voy ya con mi ráfaga de sensaciones con esta frenética muestra de originalidad en lo ya creado (no
del todo, claro). Dentro de poco me entenderéis.La verdad es que me llevé una buena sensación al salir de la sala, aunque con ciertos detalles rondando en mi cabeza. La trama en base no tiene mucho de especial, tres chavales en una fiesta rave van borrachos y encuentran un extraño agujero en mitad del campo cercano al lugar de la fiefhta, por supuesto, entran y ¡pum, se conviertieron en choca... en super héroes!, o mejor dicho, en poseedores de un poder rarete y descomunal. Por tanto, conocemos a tres personajes clave: Andrew (interpretado por Dane DeHaan), el chico marginal y maltratado por su padre. Matt (Alex Russell), su primo buena gente pero poco social que pasa de él (porque es lo que le faltaba para finiquitar su vida social) y el que no pinta nada, pero que se mete en la trama, digamos, de casualidad, Steve (Michael B. Jordan). Sin pararme más en la trama: Me gusta que no nos metan que esa roca luminosa viene de Marte o de Pekin, no me interesa (+10), me gusta que hagan suya una historia aparentemente típica, consiguiendo un punto de vista diferente a todo lo anterior. Un mundo de superpoderes sin elementos barrocos, exagerados, espectaculares (+100). Es una historia natural de cómo unos chavales se encuentran con poderes, de cómo les afecta a cada uno según su naturaleza, y de cómo pasaría en realidad si llegara a darse el caso de que unos estudiantes se encuentran con tal peligro de tesoro. Al menos es la sensación que a mi me causó. Bien, eso sumado a la técnica de la primera persona, la historia de los tres jóvenes está llena de vitalidad y de realismo, cosa muy importante cuando se pretende vender como real un cuento de ciencia-ficción.
Hay algo que me llamó la atención, y que consideré mientras charlaba con mi hermana, que me acompañó a verla. En teoría, al ser un compuesto de imágenes y sonidos, se podría imaginar que la historia fue reconstruida más tarde por algún interesado (Ahí sí que sería íntegramente Found Footage), y claro, habría espacios en los que no habría información alguna debido a que hay momentos en los que los personajes difícilmente podrían llevar una cámara. Y, ¿qué haces ahí? Pues director, guionista &co. lo vieron fácil (alomejor no): cámaras de seguridad. En pleno siglo XXI estamos rodeados y vigilados como si fueramos famosos y ellas paparazzis, ¡automatizados! (miedo). Así que por ejemplo cuando Andrew necesita dinero para intentar salvar la vida de su madre, entra a robar a una triste gasolinera. Él tiene la excusa de estar obsesionado por las cámaras y tener el poder de levitarlas, pero no les vino mal hacer uso de las cámaras de seguridad cuando la gasolinera explota y todo lo cercano a él arde de lo lindo.Peeeeero, hay otras ocasiones en las que el uso de una cámara ya no parece tan creíble, y otras en las que a mi parecer, incluso estorba. Por ejemplo, ¿quién llevaría una cámara estando gritando de horror mientras se encuentra encerrad* en un coche que está colgado a metros y metros por encima del suelo en la punta de uno de los edificios más altos del mundo? Pues la chica rubia-rollo de Matt, además de muy freak de las cámaras, debía ser adicta a las alturas y un poco emo, porque si no no encaja.
Luego están los detalles que para mi, estorban. Lo de la chica no encaja, pero se perdona, porque da una
sensación de vertiginosidad y de adrenalina increíble. Pero cuando estás viendo una escena dramática en la que sólo estás pendiente de lo que expresan los personajes, una cámara que se supone fija, va y... recorta el ángulo con zoom (o acercándose). ¡Pues vaya! Me refiero a la escena del hospital, de Andrew tras su accidente pirotécnico, cuando el padre llega y le culpa de la muerte de su recién fallecida madre. Al comenzar la secuencia se oye una voz en off que dice “la cámara es necesaria para la investigación policial”, y dejan paso al padre que habla a solas con el accidentado (no le diría lo que le dice si hubiera alguien escuchando además de la cámara). Claro, tú estás pendiente a ver si el cabrón del borracho le va a romper algo más, por gusto de coleccionista, o si sólo le va a volver a marear con sus historias de pirado, pensando que están sólos. Y va y se mueve la cámara. Alomejor yo me despisto con facilidad, pero me desconcentró por unos momentos esa contradicción, justamente en una escena bastante dura e importante. Pensarían que acercar el plano daría más dramatismo, pero en ese caso, hubiese preferido ese plano fijo, sin alteraciones, creo que incluso hubiera sido más duro por lo frío de estar observando a escondidas. En fin, esto, cómo no, vuelve a ser cosa mía, tal vez no lo compartáis. Son pequeños detalles que a la hora de disfrutar de la película no tienen una gran importancia, y son excepciones, así que, no tienen mayor importancia. Añado algo sobre los efectos especiales. Me hubiera llenado que les dieran
más tiempo. Ya que trabajan un presupuesto golpeando y arrastrando coches, podrían haberlo enfocado durante más tiempo, con dos o tres segunditos más me habría sentido satisfecho. Pero que el protagonista se ponga a aplastar a la policía y sus vehículos sean enviados a freír chatarra, y sólo lo saquen durante el golpe y medio segundo más, me dejó con una cara de “:D... :(“. Te deja con ganas de más, o tal vez soy yo un destroyer peligroso.Dicho todo esto, concluyo remarcando que si esta película me ha atrapado no ha sido debido a grandes
efectos especiales (aunque haya tenido mi dosis de adrenalina visual), sino más bien porque Josh Trank y Max Landis han conseguido que me sorprendan la mayoría de escenas (está claro que viendo a Andrew bastante cabreado y a Steve insistiendo en medio de una tormenta, no crees que le vaya a hacer cosquillas precisamente, y aún así la escena siguiente produce un shock). Gracias a sus recursos han montado un ritmo inesperado, fuerte, de altibajos. Parece que vayan a morir todos y al instante están riendo y jugando a la innovación deportiva de la década (béisbol inalámbrico). Y algo mejor
todavía, aún no siendo el típico malo malote, se podría decir que Andrew es el antagonista, y sin embargo es el protagonista. Y su primo Matt, se convierte en el verdadero superhéroe sin que nadie lo espere, y ¡hasta se queda con la chica, tú! (aunque a saber cómo acaba eso tras la exhibición de talentos ante toda la ciudad...). Para mi, esta historia valdría perfectamente como “el antes del superhéroe por todos conocidos”, y no lo hemos previsto sino hacia el final de la película, aunque se dieran pistas cuando se muestra el lado de líder responsable de Matt. Vale, eso es cierto.En fin, sin duda la recomiendo. Una buena historia, para mi ciertamente innovadora en la narración de historia de superhéroes, y además se sitúa entre mis películas favoritas del año. Sin duda, de ahora en adelante prestaré atención al trabajo de este emergente dúo de cineastas.















