Hoy me ha veni
do fenomenal ver la tele mientras comía un poco tarde, para no variar. Resulta que estaban haciendo The Straight Story, traducida al español como Una historia verdadera, y desde el principio me he quedado enganchado a cada escena intentando descubrir de qué iba la película. No he tardado en enamorarme. Dentro de mi cabeza la categorizo en “esas películas que narrando una historia te hacen sentir y pensar casi sin darte cuenta”. El aspecto de la película y el sonido, no sabía por qué, me recordaban a los mismos de la serie de TV de los 90 Twin Peaks, lo que hacía sentirme todavía más a gusto siendo cómplice de la historia del viejo Alvin Straight. Cuál ha sido mi sorpresa que al mirar la ficha en FA y en IMDb, la película no era de otro que... ¡David Lynch!, y la música, para mayor coincidencia con mi identificación de Twin Peaks con esta, era el mismo que en dicha serie, Angelo Badalamenti.
No soy todavía un gran conocedor del cine de Lynch, pero con haber visto obras como Cabeza Borradora, El hombre elefante, Twin Peaks, o la aquí tratada, me puedo declarar un admirador suyo. Y desde la inexistente experiencia en escribir sobre una película tratando de exprimir su esencia, virtudes, y sus aspectos mejorables a mi parecer (aquello que viene llamándose “crítica”), voy a atreverme a hundirme en el comentario de una película, por lo que si bien espero hacerlo bien, es posible que los más conocedores de este director detecten algún fallo o echen de menos algún comentario. Pero por algo debo empezar, y esta película me ha cautivado, así que ¡a ello voy!

Cuando llevaba cinco minutos en marcha he pensado “a ver dónde nos lleva esta cosa lenta y blandenguis que no deja de sacar a este abuelo que está ya en las últimas...”. Tenía toda la pinta de ser una película lenta y aburrida, y realmente, ha sido lenta. Pero pronto pasó de ser aburridamente lenta a interesantemente lenta. El ritmo es acorde durante toda la película a las sensaciones y las reflexiones a las que nos invita; no desagrada, ni cansa, y digo aún más, se agradece que no sea más rápida. Está claro que quien quiera acción, planos rápidos, diversión inmediata y demás, no encontrará su cinemática felicidad en este film.
Si a Lynch se le conoce por películas surrealistas como Cabeza Borradora, puede sorprender encontrarse con esta pieza suave y sencilla, de modo que, en mi breve experiencia, descubro dos vías que pertenecen al “espíritu” de su cine. Y en esta ocasión, nos encontramos ante una obra ante todo humana. Su elemento principal no es una idea abstracta o unos efectos especiales, sino unos valores muy poderosos los cuales no son debilitados por el tiempo, sino magnificados. Y esto lo creo así por el conjunto de detalles que quiero comentar en este artículo.
Empezando con la música, de Badalamenti, me parecía demasiado dulzona (también al principio), lo que incrementaba mi escepticismo junto a la lentitud, pero como ya he dicho, la trama avanza y la música deja de existir convirtiéndose en una adecuada ambientación que concuerda muy bien con los sentimientos que Alvi nos desprende como a bocanadas.
El guión nos desvela muy poca información de las razones por las que el protagonista sale a recorrer muchos kilómetros en una simple segadora con un remolque enganchado, y poco a poco van saliendo. Si la osadez de salir a una carretera que se alarga más de 100 Km. en un trozo de chatarra ya nos hace querer un poco al personaje, cuando vamos sabiendo primero que se dirige a ver a su hermano y más tarde que se debe a que ha sufrido un infarto y que además han estado diez años sin dirigirse la palabra por discusiones de hermanos, caemos en una completa sensación de identificación y compasión con alguien que es capaz de salir sin seguridades a un largo viaje (más de cinco semanas) por hacer las paces antes de perder su última oportunidad. Y yo no consideraría indiferente que vaya montado en un corta-césped, o sobrante, o un elemento más de la narración. En mi opinión, es una forma de pagar su culpa. A lo largo de la película le ofrecen llevarlo en coche a su destino, pero vemos como Alvin se niega rotúndamente, y se excusa en su testarudez, tras la que yo veo la voluntad de arregar por él sólo lo que sólo él había estropeado. Esto, claro está, es una lectura personal.
En ese aspecto me ha recordado, cómo no, al Camino de Santiago, y quién lo haya hecho o al menos lo conozca, me entenderá. Al igual que en el Camino, a Alvin no le importa no llevar provisiones, ni no disponer de un coche, ni el no ser más joven y capaz de moverse por sí sólo. A él sólo le importa su objetivo, sólo el fin y no los medios. Lo importante es llegar, vencer en su deseo o en un reto, se tengan las dificultades materiales o físicas que se tengan, y eso nuestro abuelo de barba blanca lo deja claro en numerosas ocasiones, adquiriendo una nueva corta césped, arreglándola, esperando, preguntando, siempre avanzando.
Siguiendo con la composición de la película, y hablando de planos, son como es lógico, sencillos, y únicamente preocupados por mostrarnos el mundo interior reflejado por las expresiones y los movimientos de Alvin. Componen el suave ritmo que comentaba antes hablando de la banda sonora, con elementos que contribuyen a coordinar y a reforzarlo, como la escasa velocidad del transporte, las numerosas referencias a paisajes y carretera, o el tiempo dedicado a enseñarnos los movimientos y participaciones de los personajes (sobre todo del protagonista).
Además, y como es habitual y digno de Lynch, hay muchas ocasiones en las que mediante una simple secuencia, nos permite estudiar psicológicamente al personaje, y preguntarnos dudosamente por lo que está pensando o pretende decir o hacer, como en el momento en el que entra a un bar y pide por primera vez, desde que dejó de beber, una cerveza, y se aprovecha el plano del hombre de la barra atendiendo a otro cliente para mostrarnos de nuevo un rostro muy expresivo de Alvin, tal vez algo molesto al volver a beber cerveza tras su problema alcólico. Estos detalles nos hacen más partícipes de la trama y nos acercan más a la persona que estamos observando y siguiendo, llegando a hacernos quererla e incluso admirarla.
Acabando ya esos aspectos más técnicos, debo decir que la increible comunicación que el papel de hombre arrepentido con ganas de arreglar sus errores que consigue conectar con el espectador, no hubiera sido posible sin una fiel y genial interpretación por parte de Richard Farnsworth, quién en todo momento nos hace preocuparnos por lo que está pensando, por lo que hará, por si se caerá, y sobre todo por lo que está sintiendo, Nos hace sentir la impotencia de sus limitaciones y la esperanza de encontrar a su hermano con vida como si nosotros mismos estuviésemos en su lugar. Sí, sin duda, aunque no puedo comparar, pues no conozco su trabajo, me ha parecido conmovedor, verosímil, perfecto.
Hay un aspecto que me parece principal y que Lynch y sus guionistas ha
n usado, en mi opinión, de manera muy útil. En esta película no importan los motivos de la riña con su hermano que le ha llevado a la situación narrada, ni tampoco qué ocurre tras su encuentro (¿vivirán juntos? ¿volverán a discutir? ¿hablarán de sus problemas?), simplemente nos interesa qué y cómo hace Alvin para llegar a su destino. Simplemente nos van dando la razón básica de su viaje (lo que permite conmover y cogerle cierto cariño, por lo que es esencial que nos den ese dato), y a partir de ahí, nos hacen centrarnos en su andanza y en los sucesos que experimenta. De este aspecto comento algo que es muy significativo: en varias ocasiones Alvin actúa como sujeto que resuelve problemas ajenos. En primer lugar, por ejemplo, en la charla por la noche con la adolescente embarazada (que ha huido de casa por miedo a sus padres) le cuenta el símil de la fragilidad de una única rama frente a varias ramas juntas, en representación de la fortaleza de la unión de una familia. Cuando despierta por la mañana no encuentra a la muchacha, pero sí un montón de ramas atadas juntas con un lazo, dándole a entender, he supuesto, que ha vuelto con su familia. En segundo lugar, tras resolver el presupuesto de la avería de su segadora del 66 y presenciar la absurda discusión de los mecánicos gemelos, les cuenta (además de darnos a nosotros el dato) cómo también él se peleaba con su hermano, y el nivel de su arrepentimiento por haber estado sin saber de él por esas peleas, aconsejándoles que aprovecharan la experiencia y tuvieran en cuenta que pese a las diferencias, lo realmente importante es que son hermanos.
Y pienso, “vale, todo tiene buena pinta y es muy bonito, pero...” ¿no tiene nada negativo? Bien, podría comentar que hay ciertos errores como por ejemplo que el tiempo empleado en el viaje, según la distancia recorrida y la velocidad a la que recorre el camino, es más largo que el que realmente sería en realidad. Podría decir que se echa de menos que nos cuenten qué sucede entre su hermano y él finalmente, que no es muy creíble que no pida una birra cuando está con su compañero hablando de la guerra y sí lo haga cuando está sólo, y otros detalles, pero realmente no me parecen importantes teniendo en cuenta que el objetivo de Lynch es conseguido perfectamente. Pretende sencillez y consigue que no echemos de menos ni las razones del viaje, pretende conmover y consigue preocuparnos por el mínimo detalle, pretende demostrar que en la vida merece la pena luchar hasta nuestros últimos días, y decid vosotros si no lo consigue con esta historia de lucha larga y dura que finalmente acaba en victoria. Eso es lo único que importa de esta película, y es lo que nos ha brindado en forma e regalo para los sentidos.
Además, siendo Lynch, no podía faltar algún que otro elemento discordante con la tranquilidad y la linealidad de la trama. ¿Recordáis cuando se topa con el accidente de la mujer casi esquizofrénica por atropellar un ciervo cada semana? ¡Sobran los comentarios!
En fin, todo esto se une en una mágica sencillez, sin efectos especiales ni mayores escenarios que la carretera y poco más, sin necesidad de retratar la guerra cuando la recuerda con su acompañante en el bar, gastando tiempo y dinero en escenarios y materiales. A Lynch no le hace falta más, le basta con la sencillez de su personaje y con una historia en la que no se echa de menos nada y que nos habla de arrepentimiento, de la dureza y contradicción de una guerra, de afrontar los problemas sin retirarse, en definitiva, un retrato de lo que realmente es la vida: un campo de batalla en el que si bien perdemos muchos sueños, seres queridos y tranquilidades, es todavía más cierto que en ese campo de continua lucha agridulce siempre podemos mejorar, sentirnos felices, y alcanzar grandes metas y recorrer extensas distancias con un único acompañante realmente imprescindible: Voluntad.
do fenomenal ver la tele mientras comía un poco tarde, para no variar. Resulta que estaban haciendo The Straight Story, traducida al español como Una historia verdadera, y desde el principio me he quedado enganchado a cada escena intentando descubrir de qué iba la película. No he tardado en enamorarme. Dentro de mi cabeza la categorizo en “esas películas que narrando una historia te hacen sentir y pensar casi sin darte cuenta”. El aspecto de la película y el sonido, no sabía por qué, me recordaban a los mismos de la serie de TV de los 90 Twin Peaks, lo que hacía sentirme todavía más a gusto siendo cómplice de la historia del viejo Alvin Straight. Cuál ha sido mi sorpresa que al mirar la ficha en FA y en IMDb, la película no era de otro que... ¡David Lynch!, y la música, para mayor coincidencia con mi identificación de Twin Peaks con esta, era el mismo que en dicha serie, Angelo Badalamenti.No soy todavía un gran conocedor del cine de Lynch, pero con haber visto obras como Cabeza Borradora, El hombre elefante, Twin Peaks, o la aquí tratada, me puedo declarar un admirador suyo. Y desde la inexistente experiencia en escribir sobre una película tratando de exprimir su esencia, virtudes, y sus aspectos mejorables a mi parecer (aquello que viene llamándose “crítica”), voy a atreverme a hundirme en el comentario de una película, por lo que si bien espero hacerlo bien, es posible que los más conocedores de este director detecten algún fallo o echen de menos algún comentario. Pero por algo debo empezar, y esta película me ha cautivado, así que ¡a ello voy!

Cuando llevaba cinco minutos en marcha he pensado “a ver dónde nos lleva esta cosa lenta y blandenguis que no deja de sacar a este abuelo que está ya en las últimas...”. Tenía toda la pinta de ser una película lenta y aburrida, y realmente, ha sido lenta. Pero pronto pasó de ser aburridamente lenta a interesantemente lenta. El ritmo es acorde durante toda la película a las sensaciones y las reflexiones a las que nos invita; no desagrada, ni cansa, y digo aún más, se agradece que no sea más rápida. Está claro que quien quiera acción, planos rápidos, diversión inmediata y demás, no encontrará su cinemática felicidad en este film.
Si a Lynch se le conoce por películas surrealistas como Cabeza Borradora, puede sorprender encontrarse con esta pieza suave y sencilla, de modo que, en mi breve experiencia, descubro dos vías que pertenecen al “espíritu” de su cine. Y en esta ocasión, nos encontramos ante una obra ante todo humana. Su elemento principal no es una idea abstracta o unos efectos especiales, sino unos valores muy poderosos los cuales no son debilitados por el tiempo, sino magnificados. Y esto lo creo así por el conjunto de detalles que quiero comentar en este artículo.
Empezando con la música, de Badalamenti, me parecía demasiado dulzona (también al principio), lo que incrementaba mi escepticismo junto a la lentitud, pero como ya he dicho, la trama avanza y la música deja de existir convirtiéndose en una adecuada ambientación que concuerda muy bien con los sentimientos que Alvi nos desprende como a bocanadas.
El guión nos desvela muy poca información de las razones por las que el protagonista sale a recorrer muchos kilómetros en una simple segadora con un remolque enganchado, y poco a poco van saliendo. Si la osadez de salir a una carretera que se alarga más de 100 Km. en un trozo de chatarra ya nos hace querer un poco al personaje, cuando vamos sabiendo primero que se dirige a ver a su hermano y más tarde que se debe a que ha sufrido un infarto y que además han estado diez años sin dirigirse la palabra por discusiones de hermanos, caemos en una completa sensación de identificación y compasión con alguien que es capaz de salir sin seguridades a un largo viaje (más de cinco semanas) por hacer las paces antes de perder su última oportunidad. Y yo no consideraría indiferente que vaya montado en un corta-césped, o sobrante, o un elemento más de la narración. En mi opinión, es una forma de pagar su culpa. A lo largo de la película le ofrecen llevarlo en coche a su destino, pero vemos como Alvin se niega rotúndamente, y se excusa en su testarudez, tras la que yo veo la voluntad de arregar por él sólo lo que sólo él había estropeado. Esto, claro está, es una lectura personal.
En ese aspecto me ha recordado, cómo no, al Camino de Santiago, y quién lo haya hecho o al menos lo conozca, me entenderá. Al igual que en el Camino, a Alvin no le importa no llevar provisiones, ni no disponer de un coche, ni el no ser más joven y capaz de moverse por sí sólo. A él sólo le importa su objetivo, sólo el fin y no los medios. Lo importante es llegar, vencer en su deseo o en un reto, se tengan las dificultades materiales o físicas que se tengan, y eso nuestro abuelo de barba blanca lo deja claro en numerosas ocasiones, adquiriendo una nueva corta césped, arreglándola, esperando, preguntando, siempre avanzando.
Siguiendo con la composición de la película, y hablando de planos, son como es lógico, sencillos, y únicamente preocupados por mostrarnos el mundo interior reflejado por las expresiones y los movimientos de Alvin. Componen el suave ritmo que comentaba antes hablando de la banda sonora, con elementos que contribuyen a coordinar y a reforzarlo, como la escasa velocidad del transporte, las numerosas referencias a paisajes y carretera, o el tiempo dedicado a enseñarnos los movimientos y participaciones de los personajes (sobre todo del protagonista).Además, y como es habitual y digno de Lynch, hay muchas ocasiones en las que mediante una simple secuencia, nos permite estudiar psicológicamente al personaje, y preguntarnos dudosamente por lo que está pensando o pretende decir o hacer, como en el momento en el que entra a un bar y pide por primera vez, desde que dejó de beber, una cerveza, y se aprovecha el plano del hombre de la barra atendiendo a otro cliente para mostrarnos de nuevo un rostro muy expresivo de Alvin, tal vez algo molesto al volver a beber cerveza tras su problema alcólico. Estos detalles nos hacen más partícipes de la trama y nos acercan más a la persona que estamos observando y siguiendo, llegando a hacernos quererla e incluso admirarla.
Acabando ya esos aspectos más técnicos, debo decir que la increible comunicación que el papel de hombre arrepentido con ganas de arreglar sus errores que consigue conectar con el espectador, no hubiera sido posible sin una fiel y genial interpretación por parte de Richard Farnsworth, quién en todo momento nos hace preocuparnos por lo que está pensando, por lo que hará, por si se caerá, y sobre todo por lo que está sintiendo, Nos hace sentir la impotencia de sus limitaciones y la esperanza de encontrar a su hermano con vida como si nosotros mismos estuviésemos en su lugar. Sí, sin duda, aunque no puedo comparar, pues no conozco su trabajo, me ha parecido conmovedor, verosímil, perfecto.
Hay un aspecto que me parece principal y que Lynch y sus guionistas ha
n usado, en mi opinión, de manera muy útil. En esta película no importan los motivos de la riña con su hermano que le ha llevado a la situación narrada, ni tampoco qué ocurre tras su encuentro (¿vivirán juntos? ¿volverán a discutir? ¿hablarán de sus problemas?), simplemente nos interesa qué y cómo hace Alvin para llegar a su destino. Simplemente nos van dando la razón básica de su viaje (lo que permite conmover y cogerle cierto cariño, por lo que es esencial que nos den ese dato), y a partir de ahí, nos hacen centrarnos en su andanza y en los sucesos que experimenta. De este aspecto comento algo que es muy significativo: en varias ocasiones Alvin actúa como sujeto que resuelve problemas ajenos. En primer lugar, por ejemplo, en la charla por la noche con la adolescente embarazada (que ha huido de casa por miedo a sus padres) le cuenta el símil de la fragilidad de una única rama frente a varias ramas juntas, en representación de la fortaleza de la unión de una familia. Cuando despierta por la mañana no encuentra a la muchacha, pero sí un montón de ramas atadas juntas con un lazo, dándole a entender, he supuesto, que ha vuelto con su familia. En segundo lugar, tras resolver el presupuesto de la avería de su segadora del 66 y presenciar la absurda discusión de los mecánicos gemelos, les cuenta (además de darnos a nosotros el dato) cómo también él se peleaba con su hermano, y el nivel de su arrepentimiento por haber estado sin saber de él por esas peleas, aconsejándoles que aprovecharan la experiencia y tuvieran en cuenta que pese a las diferencias, lo realmente importante es que son hermanos.Y pienso, “vale, todo tiene buena pinta y es muy bonito, pero...” ¿no tiene nada negativo? Bien, podría comentar que hay ciertos errores como por ejemplo que el tiempo empleado en el viaje, según la distancia recorrida y la velocidad a la que recorre el camino, es más largo que el que realmente sería en realidad. Podría decir que se echa de menos que nos cuenten qué sucede entre su hermano y él finalmente, que no es muy creíble que no pida una birra cuando está con su compañero hablando de la guerra y sí lo haga cuando está sólo, y otros detalles, pero realmente no me parecen importantes teniendo en cuenta que el objetivo de Lynch es conseguido perfectamente. Pretende sencillez y consigue que no echemos de menos ni las razones del viaje, pretende conmover y consigue preocuparnos por el mínimo detalle, pretende demostrar que en la vida merece la pena luchar hasta nuestros últimos días, y decid vosotros si no lo consigue con esta historia de lucha larga y dura que finalmente acaba en victoria. Eso es lo único que importa de esta película, y es lo que nos ha brindado en forma e regalo para los sentidos.
Además, siendo Lynch, no podía faltar algún que otro elemento discordante con la tranquilidad y la linealidad de la trama. ¿Recordáis cuando se topa con el accidente de la mujer casi esquizofrénica por atropellar un ciervo cada semana? ¡Sobran los comentarios!
En fin, todo esto se une en una mágica sencillez, sin efectos especiales ni mayores escenarios que la carretera y poco más, sin necesidad de retratar la guerra cuando la recuerda con su acompañante en el bar, gastando tiempo y dinero en escenarios y materiales. A Lynch no le hace falta más, le basta con la sencillez de su personaje y con una historia en la que no se echa de menos nada y que nos habla de arrepentimiento, de la dureza y contradicción de una guerra, de afrontar los problemas sin retirarse, en definitiva, un retrato de lo que realmente es la vida: un campo de batalla en el que si bien perdemos muchos sueños, seres queridos y tranquilidades, es todavía más cierto que en ese campo de continua lucha agridulce siempre podemos mejorar, sentirnos felices, y alcanzar grandes metas y recorrer extensas distancias con un único acompañante realmente imprescindible: Voluntad.
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