Saint-Exupéry es el nombre de un escritor francés que al ser oído se asocia con la famosa, singular y especial obra Le Petit Prince (El Principito), y aunque es una dig
na
relación, Antoine tiene mucha historia emocionante detrás suya. Desde
niño quiso ser piloto. Sentía verdadera pasión instintiva por volar y
desde temprana edad lo hizo constar con sus propias palabras. Pero no
era el patriótico alumno que Francia esperaba. Suspendió la prueba de
acceso a la escuela naval por una pregunta de carácter político que se
negó a suspender, y no fue hasta unos años más tarde cuando pudo pilotar
por primera vez. "Saint-Exupéry, usted no se matará nunca en avión; si
no, ya lo hubiera hecho". Estas fueron las palabras que el comandante le
destinó cuando volvió salvo de su primera experiencia, en la que tuvo
que realizar un aterrizaje de emergencia y poco le faltó para
estrellarse. Por desgracia, el comandante se equivocó, aunque muy buena
parte de razón tenía. Continuó pilotando siempre, hasta el final de sus
días. Se estrelló en varias ocasiones quedando muy cerca de la muerte:
una vez cayó en mitad del desierto deshidratado y semi-inconsciente,
siendo rescatado tras varios días; en otras ocasiones sufrió graves
daños que le inhabilitaron durante meses (la más importante, una
fractura de cráneo). Pero Exupéry jamás se resignó a dejar los pies
quietos en la tierra, ni cuando se convirtió en un escritor famoso y
respetado ni cuando la avanzada edad ejercía cierta resistencia para ser
aceptado de nuevo por las autoridades militares. Aun así, le asignaron
unas cuantas misiones más. Y aquí se acabó la suerte que había
pronosticado aquel comandante. Desapareció de la tierra, casi
literalmente, un 31 de Julio de 1942 en plena II Guerra Mundial, volando
abordo de un P-38 (el de la foto de abajo) que ni
siquiera estaba equipado con munición. Tiempo más tarde se encontraron
restos de sus pertenencias que ayudaron a identificar el lugar de su
final. Había sido abatido por un aviador alemán.
na
relación, Antoine tiene mucha historia emocionante detrás suya. Desde
niño quiso ser piloto. Sentía verdadera pasión instintiva por volar y
desde temprana edad lo hizo constar con sus propias palabras. Pero no
era el patriótico alumno que Francia esperaba. Suspendió la prueba de
acceso a la escuela naval por una pregunta de carácter político que se
negó a suspender, y no fue hasta unos años más tarde cuando pudo pilotar
por primera vez. "Saint-Exupéry, usted no se matará nunca en avión; si
no, ya lo hubiera hecho". Estas fueron las palabras que el comandante le
destinó cuando volvió salvo de su primera experiencia, en la que tuvo
que realizar un aterrizaje de emergencia y poco le faltó para
estrellarse. Por desgracia, el comandante se equivocó, aunque muy buena
parte de razón tenía. Continuó pilotando siempre, hasta el final de sus
días. Se estrelló en varias ocasiones quedando muy cerca de la muerte:
una vez cayó en mitad del desierto deshidratado y semi-inconsciente,
siendo rescatado tras varios días; en otras ocasiones sufrió graves
daños que le inhabilitaron durante meses (la más importante, una
fractura de cráneo). Pero Exupéry jamás se resignó a dejar los pies
quietos en la tierra, ni cuando se convirtió en un escritor famoso y
respetado ni cuando la avanzada edad ejercía cierta resistencia para ser
aceptado de nuevo por las autoridades militares. Aun así, le asignaron
unas cuantas misiones más. Y aquí se acabó la suerte que había
pronosticado aquel comandante. Desapareció de la tierra, casi
literalmente, un 31 de Julio de 1942 en plena II Guerra Mundial, volando
abordo de un P-38 (el de la foto de abajo) que ni
siquiera estaba equipado con munición. Tiempo más tarde se encontraron
restos de sus pertenencias que ayudaron a identificar el lugar de su
final. Había sido abatido por un aviador alemán.
Antoine de Saint-Exupéry
fue un valiente que encontró el sentido de su vida en formar un único
ser con los pájaros de hierro al sobrevolar las ciudades. Además de
aviador fue un detallista escritor de ficción que retrató muchas de sus
aventuras y las de otros camaradas aviadores, con los que se convirtió
en un importante escritor dentro del género de la literatura de acción
además de la infantil. También fue testimonio de primera calidad de la
experiencia que suponía pilotar en los años 40, cuando las metralletas
disparaban a través de las hélices en movimiento y cuando el radar que
les guiaba era tan sofisticado como un tipo de copiloto con un mapa en
el regazo, además de la radio, claro, que normalmente sufría
interferencias que anulaban la comunicación cuando el clima no era muy
propicio. Aparte de la ficción, Exupéry participó también como reportero
de guerra. Una de sus obras, de hecho, trata sobre su experiencia
durante la Guerra Civil Española.
Vuelo Nocturno. El reto del abismo.
Una de las obras que expresan el peligro, la tensión y el significado de ser aviador en aquella época es la novela Vuelo Nocturno, que
se centra en ambientar un reto aéreo y empresarial clave en la
evolución de los vuelos de mercancías. Por entonces ya existían redes
aéreas comerciales, sobre todo para enviar correo postal de un país a
otro con mayor rapidez. Sin embargo, estos servicios comerciales también
eran cubiertos por otros vehículos: camiones y barcos, que pese a ser
más lentos, trabajaban tanto de día como de noche, y era en este
horario
nocturno cuando esas formas de transporte sacaban ventaja económica a
las empresas aéreas. Como es lógico sabiendo cómo ha sido el ser humano
en el siglo XX con eso de hacer dinero, las empresas aéreas no se
conformaron, y arriesgaron enviando a sus pilotos a la inseguridad de la
noche. Era una completa locura y se esperaba que semejante reto acabara
en desgracia. Efectivamente, hubieron
accidentes por problemas de visibilidad y fallos en los pronósticos
temporales, pero los aviadores siguieron surcando los cielos negros
hasta estandarizar esa práctica, que por muchos años no fue demasiado
segura.
horario
nocturno cuando esas formas de transporte sacaban ventaja económica a
las empresas aéreas. Como es lógico sabiendo cómo ha sido el ser humano
en el siglo XX con eso de hacer dinero, las empresas aéreas no se
conformaron, y arriesgaron enviando a sus pilotos a la inseguridad de la
noche. Era una completa locura y se esperaba que semejante reto acabara
en desgracia. Efectivamente, hubieron
accidentes por problemas de visibilidad y fallos en los pronósticos
temporales, pero los aviadores siguieron surcando los cielos negros
hasta estandarizar esa práctica, que por muchos años no fue demasiado
segura.
En esta novela Exupéry refleja los
miedos, la incertidumbre y sobre todo el coraje y la obcecación con la
que Rivière, personaje inspirado en Didier Daurat (jefe de la compañía Latécoère, en la que trabajaba Antoine) enfrenta los riesgos y las posibilidades de fracaso y de crítica social a causa de
sus soberbias metas empresariales. Es el verdadero protagonista de la
historia. Le seguimos en todas sus decisiones y pensamientos: cuando
ordena, cuando reflexiona, cuando decide, cuando soluciona un problema;
todo lo que nos permite reconstruir la mente de un hombre que fue
pionero en eso de los vuelos nocturnos. Sus cualidades, sin duda, se
centran en la calculabilidad de recursos y en saber tratar a los
empleados con una psicología que puede causar alguna que otra
controversia.
El piloto y el avión: uno mismo
Si
hay algo que destaca y hace especial a este libro de Exupéry es la
poética de las descripciones y metáforas relacionadas con el avión, el
cielo y sobre todo, la relación del hombre con la máquina y su distancia
física y no tan física con el resto del mundo cuando están en pleno
vuelo. Como resultado queda una historia concisa, contada en muy pocas y
precisas palabras e imágenes, en la que gran parte del contenido son
metáforas que elevan la figura del aviador, ensalzan la simbiosis de
este con el avión y el cielo, y demuestran la inmensidad del mundo y la
insignificancia apreciable que desde las nubes se obtiene de los humanos
que además, será observada desde fuera; es decir, el aviador humano,
cuando está en el aire, forma parte de esa inmensidad, de esa especie de
inmortalidad y deidad de la que participa sólo durante las horas que le
permite el carburante.
Ensalzar
al aviador es un objetivo clave de esta obra. El aviador es mostrado
como alguien normal, que lleva una vida como otra cualquiera excepto por
una gran razón: él ha conocido la libertad, y por peligrosa que resulte, jamás cambiará la seguridad por el placer de volar.















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