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sábado, 23 de junio de 2012

Las 5 claves para transmitir de Ferran Ramon-Cortés

Ahora sí, se acabaron los exámenes, ayer despedí al último de la temporada y puedo, por fin, admitir mi libertad (por el momento). Es genial descubrir cada día nuevas lecturas posibles, aunque viendo como se amontonan las pendientes, al mismo tiempo que se me acumulan ideas para escribir, sin haber acabado todavía ninguno de los relatos que empecé antes de exámenes, el ambiente de emoción se tinta un poco de la sensación de presión. Me depara un verano muy ocupado, a pesar de que no encuentre trabajo, aunque sin duda, se trata de una faena que me hace feliz.

Esta vez no traigo una obra literaria en sí, sino un ensayo ameno, sencillo y corto que tiene como objetivo, apoyándose en una narración ficticia agradable, desvelar cinco claves que podemos utilizar con tal de mejorar nuestra comunicación al pretender hacer llegar un concreto mensaje a un público.

Esas claves se relacionan directamente con cinco faros de la isla de Menorca, que un hombre en busca de los misterios que nos permiten llegar al receptor con éxito observará, el tiempo necesario, con tal de desvelar la relación que tiene el tipo de señal que emiten para informar a los navegantes de dónde se halla el puerto. Él busca algo parecido: lograr que sus discursos alcancen una potencia capaz de arrancar a la oscuridad un espacio para una luz-guía clara y decidida.

La historia es una simple excusa para tratar estas claves, que merece la pena extraer para tenerlas muy en cuenta a la hora de pretender llegar a aquellos a los que queremos expresar una idea o un sentimiento. Ahora trataré de explicar desde mi lectura lo que significan y la razón de estas claves, que son las siguientes:

...
1. Faro de Favàritx: Solemos hablar mucho, acabando diciendo poco. La luz de este faro emite una luz constante y única. Cambia la luz según avanza el tiempo del día, pero la luz del faro, aunque variando en sus matices, mantiene su señal en todo caso. Esa es la primera clave, centrar nuestro discurso en una y única gran idea, hablando de diferentes cosas, pero con esa idea como telón de fondo. Así conseguiremos un mensaje claro, conciso, y rico en interpretación por sus matices.

2. Faro de Artrutx: A la hora de intentar demostrar algo, somos capaces de ofrecer una considerable cantidad de información acerca del tema, todo tipo de datos. Pero normalmente, el que escucha no ha tenido la misma experiencia que el que trata de convencer, y acaba aborreciendo la explicación, o sencillamente no entiende a dónde queremos llegar. Para qe nuestro mensaje sea claro y expresivo, debe ser contado en forma de una sencilla historia, una metáfora, o como dice Max, el maestro de nuestro protagonista: «En palabras de Anthony de Mello, "La distancia más corta entre el hombre y la verdad es un cuento". Y si todavía dudas del poder de las metáforas, ojea la Biblia. Hace más de dos mil años que alguien lo tuvo muy claro».

3. Faro de Punta Nati: En relación al lenguaje: ha de tener dos ingredientes esenciales; sencillez, y eficacia. Y esa eficencia se cumplirá dependiendo de si el lenguaje escogido es el apropiado para el público que debe entendernos. Se trata de empatizar según el perfil de aquel o aquellos a quienes nos dirigimos, para conseguir acercarnos lo más posible, haciendo de nuestro mensaje algo único para quien nos ha prestado su tiempo.

4. Faro de Cavallería: "La voz es reflejo de lo que sientes. No cambies la voz, cambia lo que sientes". Ni más ni menos: transmitimos nuestros sentimientos, no lo que pretendemos decir. Los que reciben nuestro mensaje no interpretan directamente lo que nosotros hemos querido transmitir, sino la fusión entre nuestro discurso y lo que ellos ven en nosotros, además de las ideas y recuerdos de su propio mundo y su propia experiencia. Por ello es importante que no escondamos nuestros sentimientos, esos mismos deben ser los que hablen por nosotros, y si queremos comunicar algo diferente, es a nosotros mismos a quien debemos cambiar.

5. Faro de la isla del aire: Posiblemente la clave más importante de todas, a parte de la última. Cuando estamos convencidos de algo, solemos intentar convencer, además de demostrarnos y corroborar que hemos convencido. Nada más lejos de lo que debe hacerse. En primer lugar, respetar la libertad de lo que te rodea, aunque otros no hayan respetado la tuya, es fundamental. No debemos (ni podemos) obligar, sino invitar al que nos escucha a acoger (o no) nuestra idea u opinión. La diferencia se puede encontrar en algo muy sencillo: persuadir, mostrar lo positivo y lo atractivo de lo que decimos, en lugar de actuar como ceporros tratando de imponer lo que pensamos. "Es tu convicción la que me convence, no cualquier esfuerzo que puedas hacer para convencerme". Al igual que los metafóricos faros, que, lejos de tirarnos una cuerda y arrastrarnos a la orilla, nos muestran su luz, dándonos la libertad de elegir seguirla o tomar otro camino.
...

Hacía tiempo que quería apuntar estas claves de la comunicación, y, ¿qué mejor manera que compartiéndola, de paso, con todo lector que se moleste en leer uno de los artículos de este mi blog? Eso sí, si queréis saber la manera en la que Ferran nos muestra estas básicas fórmulas adentrándose en la isla de Menorca y narrando al paso de las efectivas enseñanzas de estos faros, deberéis haceros con el libro y leerlo vosotros/as mismos/as.

Añado, concluyendo ya, que estas claves se pueden resumir en algo muy sencillo, a la vez que muy complicado: Buscar ser nosotros mismos, y buscar en nosotros lo que nosotros queremos ser. Tratar de mostrar lo que creemos que merece la pena de nuestro mundo, y dejarlo en el aire tras haberlo comunicado tan mejor como hayamos podido; libre, como queremos ser todos; y único e importante, como lo es para nosotros.

Ya que he mencionado buena parte del mensaje de este libro, qué menos que mencionar los datos:

La isla de los 5 faros, de Ferran Ramon-Cortés. Ed. RBA. (Original: L'illa dels 5 fars).

domingo, 17 de junio de 2012

Truman Capote en Música para Camaleones: Una personalidad envidiable

Es sorprendente cómo es capaz de asombrarte, encandilarte, y absorver tus entrañas como lector y ser sentimental y pensante un escritor del que apenas sabes algo hasta hace unos días, cuando te topas con una obra ¿interesante? ¿prometedora? ¿abstracta y atrayente? Esta vez encontré un autor del que se decía que fue creador de géneros, pero ante todo un gran dominante de la escritura en sus distintas formas, de una gran sensibilidad para percibir y expresar su mundo, su sociedad y sus canales internos, propios de un caminante de submundos sorprendentemente realista, y sin temor o timidez a la hora de mostrarlo en el papel. Y así es cómo me sentí irresistiblemente arrancado a leer sin darle turno en la sala de espera a este significante trozo de Truman: Música para camaleones. Es eso lo que busco en la literatura, y lo que algún día me gustaría ser capaz de crear desde mi estómago y desde mi mente, sin permitir que los límites que se levantan por las razones que tanto abundan para pararnos los pies a la hora de hablar o decir algo, lleguen a diluir el cañonazo o el vómito, según las circunstancias.

La forma en la que he descubierto a Truman Capote creo que no ha podido ser mejor aun en el caso de que hubiera leído antes A sangre fría u Otras voces, otros ámbitos. Truman Capote se caracteriza, mirando la punta del iceberg, como un innovador en la escritura, principalmente por el conocido periodismo literario o literatura documental pero también, como he podido ver en este libro, por una serie de innovaciones en las técnicas importadas de otros formatos, como el modo de escritura del guión cinematográfico en el caso de los diálogos. Además, se trata de un libro en el que él mismo (TC) aparece en sus relatos, dato del que no fui consciente (más bien por suerte que por desgracia, pues mayor ha sido el regusto final) hasta el mismo final de la obra. Se trata de un conjunto de relatos, no de una historia lineal, que recoge diversas historias repartidas en tres partes: una primera con el título del libro, con relatos con un ritmo, una sutiliza y una dulzura propia e independiente del resto, que no cansa incluso si te encuentras en un caso, -en el que como yo- no conoces la naturaleza o estructura y objeto de la obra. Suelo decir que siempre me cansaron recopilaciones de cuentos, por buenos que fuesen. Pues, no ha sido este el caso. Obvio es que no todos tienen la misma fuerza o interés para los diferentes tipos de lectores, pero es indudable que ninguno tiene desperdicio. La segunda parte es un único relato, el más largo, que rivaliza en calidad, según los críticos, con el triunfante y anterior A sangre fría. Y la tercera parte se asemeja más a la primera, otro conjunto de relatos que pretenden retratar personajes reales y conversaciones con los mismos.

De esa última parte podría destacar Una hermosa criatura, en el que aparece Marilyn Monroe como personaje principal enfocado en esta pieza de música cambiante, aunque personalmente, el más impactante por su realismo y por la mayor incursión del escritor como personalidad presente en el relato es el último, Vueltas nocturnas, o cómo practican la sexualidad los gemelos siameses, en el que no se trata más que de él mismo, de un diálogo intrapersonal en el que nos deja indagar en su propia conciencia y pensamiento, y en el que no oculta su definición: alcohólico, drogadicto, homosexual, y un genio. Y, también nos enseña cómo pese a su muestra de poco amiguismo con las religiones, bucea en las profundidades de lo posible, encontrando allí a Dios, con quien afirma estar teniendo una mayor cercanía con el paso del tiempo. Una relación lenta y con brechas, pero presente. Desgraciadamente, tras leer estas palabras del genial y admirable relato, supe que Truman Capote murió de sobredosis tan sólo cuatro años después de haber publicado Música para camaleones, período en el que una de esas malditas depresiones, acabó con sus esperanzas y con su ambición. En este mismo libro, él había rechazado la opinión del que antaño se suicidó, Yukio Mishima, quién en su biografía decía que estaba seguro de que Truman Capote se suicidaría. Capote replica con estas palabras: " (...) No puedo figurarme lo que le habría llevado a esa conclusión. Mis visitas a Mishima fueron muy cordiales. Aunque Mishima era un hombre sensible, extraordinariamente intuitivo, y no alguien para ser tomado a la ligera. Pero en este aspecto creo que le falló la intuición; yo jamás tendría el valor de hacer lo que él hizo. (...)" Capote no cambió de parecer, pero ladepresión producida por la mezcla del aislamiento social y personal sumado a la drogradicción, fue por desgracia letal.


Cuanto menos, no se puede decir que su vida fuera poco aprovechada. Si se le puede admirar como genialísimo creador y escritor, es gracias a su gran capacidad de constancia y de trabajo.
Es imposible tratar de resumir los motivos que hay para leer esta obra experimental única. No sólo merece la pena hacerle un hueco en nuestra experiencia y en nuestras vivencias por ser un grande, por el control de su sutil y efectivo estilo, o por sus curiosas y atractivas innovaciones en la literatura contemporánea. A mi parecer, merece la pena sobre todo porque Música para camaleones es un fuerte reflejo de una vida única, repleto de frases, ideas y reflexiones que nos envían datos esenciales sobre la identidad de uno de los personajes con mayor personalidad en nuestra época. Que alguien se atreva a mostrarse a sí mismo pese a las condiciones sociales existentes en su momento de aparición como escritor, merece nuestra atención.

Es fácil desear ser diferente, lo realmente difícil es ser de verdad alguien autónomo y diferente no en un futuro, sino en el día a día. Nosotros seguimos caminando, pero en Truman Capote encontramos un concepto de valentía y honor muy diferente al tradicional héroe vencedor de batallas y odiseas, pero posiblemente también se trate de una valentía y una transparencia más veraz y significativa ante lo que es nuestra batalla real: la búsqueda de nuestra esencia personal y única en nuestra serpenteante y contínua existencia.


lunes, 11 de junio de 2012

Entre la admiración y el rechazo hacia Ernest Hemingway

Quedan unos pocos días para la llegada oficial del verano, pero parece que como en la mayoría de ocasiones, al calentorro vacacional se le antojó brindarnos un saludo preparatorio de su llegada, porque el calor que hace desde semanas atrás poco tiene que ver con la oh, dulce primavera. Aunque más bien se están dando de tortas para ver qué estación dura más, porque tenemos la asfixia veraniega y ese ambiente trastornador que hace aparecer alergias florales, que genera dolores de cabeza, y que, por lo menos a mi, también me produce estornudar, irónicamente, justo cuando más calor hace. El resultado seguirá igual de empatado, aunque por suerte o por desgracia, el verano acaba venciendo y diciendo "ahá, preparáos, porque lo de la gota gorda va a ser una broma comparado con lo que os voy a hacer jadear y sudar".

Pues eso, ya he leido algunos escritos del estadounidense (aunque podría pasar por europeo) E. Hemingway, y como digo en el título, no estoy seguro de si le admiro o le detesto, y posiblemente ocurre una mezcla de ambas cosas. En este caso se trata de de una recopilación con su novela Adiós a las armas, y también algunos relatos de entre los que destaca Las nieves del Kilimanjaro, que pertenece originalmente a la obra Fifth Column and first Forty-nine Stories. Los otros relatos son estos: La corta y feliz vida de Francis Macomber,  La capital del mundo, Allá en Michigan, y El anciano del puente. De la colección Premios Nobel de Literatura, de RBA promociones Editoriales, (2001).
 Me quedo con las ganas por el momento de leer otras obras clave de este carismático periodista-escritor, principalmente Fiesta, la obra que lo lanzó a la fama, Por quién doblan las campanas, que está basada en sus experiencias como corresponsal de guerra en la civil española, como Adiós a las armas lo está en las de Italia, y El viejo y el mar, por la que recibió el Premio Pulitzer.

Por el momento quiero decir que lo que me hace sentir aprecio y ganas de saber más sobre él es su estilo al construir las frases, peculiar con la repetición de palabras que no hace pesada ni rompe su narración, sino que aún más,  le brinda un calor y una cercanía, dotándole de una especie de lirismo extraño pero efectivo. No creáis que esto significa que escribe de esta manera todo el rato, es una característica que para mi es como el licor de crema de whisky:  dulce pero fuerte con el toque del alcohol. Muy presente este en Hemingway, además. (Por desgracia, también lo fue así en su vida tardía).
Por su puesto, sus historias son atrapantes, pues fuera de ideologías, narra las experiencias de guerras recientes, de las que estuvo más que cerca, con un estilo muy claro y directo. No rellena sus descripciones. Son tan transparentes que llegan como imágenes en primera persona, como si declarara sus recuerdos ante un juez que le ordena ser conciso.
Ese es un punto muy fuerte a su favor, porque son historias basadas en buena parte en sus propias experiencias, en muchas ocasiones reflejadas en sus relatos, o por lo menos, en el que trata sobre su vida en Italia, que es de la que puedo hablar. Es un hecho, pues conociendo superficialmente su recorrido, tanto su herida de guerra como su relación amorosa narradas en esta novela, se sabe que fueron reales (exceptuando matices, supongo).

Por otro lado, debo decir que por lo menos en esta novela, el protagonista es un personaje del que apenas tenemos información. De hecho, me imagino a su misma persona, y por eso hay ocasiones en las que su forma de hablar puede que choque en cierta manera con su personalidad. A este protagonista se le conoce por sus actos y muy poco por su forma de pensar, y si pensamos en su pasado o en sus motivaciones, nada se puede decir en claro. Por último, y espero que sea una excepción, son sus diálogos con su amada los que no me han convencido. tan repetitivos que cansan, sin apenas diferencias a lo largo del relato, por poco se podían diferenciar si cogemos todos ellos y los contrastamos sin el contenido narrativo restante.
Como decía su estilo es conciso y claro, y tal vez por eso los diálogos sean así de insustanciales, por otra parte, es un punto a favor de la sencillez, aunque para mi, se trata de un elemento que monotoniza la narración, todo y que sus problemas, luchas, dolores, placeres y sueños, son contados de una manera amena, a la vez que provoca excitación y emoción. Estamos en su piel cuando piensa, cuando sufre y cuando sueña, pero aburre cuando se pone ñoño con la novia, y es posible que sea debido a que él no hablaba de esa manera en la realidad, aunque claro, esto son divagaciones e ideas que pasan por aquí, y que mis dedos deciden apuntar (sí, ellos y no mi mente).

Qué puedo decir, sus diálogos no me han gustado, pero su hombría, su sencillez, su claridad y su honradez mostrada me hacen desear hacerme con sus otras obras para devorarlas y descubrir más la figura literaria de alguien que no tuvo temores a la hora de afrontar batallas a muerte que no tenían por qué tener que ver con él, y aún así, él las hizo suyas. Alguien que puede verse como egoísta, machista, o antiguo, aunque para mi, lo más importante radica en su personalidad fuerte y sin reflejo de dudas, porque tener, por seguro que las tenía. Pero es lo que alguien muestra y no lo que se oculta lo que a nosotros nos es demostrado, al igual que yo prefiero mostraros mis seguridades sobre él, y se resumen en ser una figura ejemplar en bravura, en valentía, y en su preocupación por los conflictos sociales hasta el punto de no dudar en dar la vida por lo que creía justo y veraz.


sábado, 2 de junio de 2012

O. Henry: Ante todo, un gran cuentista.

Otro día más, y sigo adaptándome a eso llamado "vacaciones". Es la primera vez que el cambio de exámenes-tranquilidad me pega tan fuerte. ¡Y me encanta!
Ayer acabé un libro que he estado leyendo a ratos durante estas dos últimas semanas, al mismo tiempo que descubría un autor del cuál no había oído hablar, por lo que le he conocido directamente por la lectura de una recopilación de algunos de sus cuentos (tiene cientos) llamado Esto no es un cuento y otros cuentos (2008), de Ediciones Barataria.

William Sidney Porter, el que es su auténtico nombre, lo cambió al de O. Henry ("O" de Oscar o de Oliverio, o de Osvaldo, vete tú a saber, no he encontrado si acaso significaba más que una simple "O") tras su reputación por malversación de fondos y posterior periodo en la cárcel. Fue un cuentista, además de farmacéutico y periodista, aspectos de su persona que no interesan en este momento. La verdad es que leer toda su obra es más bien complicado, pues durante toda su vida escribió breves relatos para publicaciones periódicas, y tenemos pocas ediciones en español, aunque destaca una recopilación en dos tomos de 1960.

No soy especialmente amante de los cuentos, pero reconozco que son capaces de exprimir las ideas de la mente de tal forma que consigue crear una expresión mucho más compacta de lo que puede llegar a ser una novela o un relato largo. Alguien dijo que en realidad el mejor método para comunicar algo mediante la literatura son los relatos breves, por ser suficientes en tamaño y claros frente a un texto largo, que debido a su naturaleza de amplitud necesita de numerosos rellenos para poder ser realizada, lo que puede encaminar con facilidad a perderse en aspectos secundarios o redundantes del mensaje principal.

Esto O. Henry lo utiliza muy bien, porque construye una forma literaria que al ser publicada periódicamente no cansa ni aburre. Además, lo que más destaca en su estilo es la sorpresa final y el giro maestro que siempre da en las conclusiones de sus relatos. Personalmente, de su estilo me quedo con la sutileza y sensación de fluidez que transmite su lenguaje, capaz de retratar una personalidad del autor que destaca por agilidad a la hora de tratar las discusiones y los diálogos. Además, sus cuentos lo convierten en un retratista de su época. Las numerosas referencias a la guerra civil estadounidense, y sobre todo a los conflictos entre los estados del norte y del sur, y también a sus distintas personalidades, configuran un mapa alimentado de personajes masculinos de mentes despiertas y de espíritus valientes como el de Willie Robbins, capaz de ir a la guerra y ganarse el respeto de toda una nación con tal de demostrar su hombría y recobrar su honor ante las burlas de una lacerante mujer, y también de personajes femeninos en los que refleja el complicado objetivo de descubrir el mecanismo de la personalidad de la mujer ante el trato y cortejo del hombre. Pero esto se queda corto ante todo lo que O. Henry muestra en su obra. La pobreza,  el romanticismo del encuentro de una pareja, el reto viril en la conquista de una mujer, el trato de amibilidad con respecto a los nativos americanos y otras temáticas ocupan los tantísimos relatos de un autor tan brillante como desgraciado, pues acabó como tantos otros: pese a haber vivido entre dos guerras (la Guerra Civil y la Gran Guerra) libre de grandes revoluciones y peligros, murió en la miseria por culpa de un bastardo demasiado común y atroz, el alcohol, que por desgracia parece ser un gran enemigo de aquellos escritores carazterizados por ser personas solitarias, pero a la vez de únicos.


PD: Os dejo además un interesante y misterioso artículo sobre este autor, relacionado con su supuesto último relato y con Borges.

viernes, 1 de junio de 2012

Bertolt Brecht, testimonio de la verdadera guerra.

Uf, hacía tiempo que no aparecía por aquí, ¿eh? Sí, me dirijo a ti, gen invisible, existas o no existas, he de decirte que todo este tiempo he estado ocupado entre presiones y estrés de trabajosos trabajos y examinantes exámenes (y alguno que otro, incluso exterminante, vaya), pero por lo menos ha valido la pena, porque ahora... ¡soy libre! Ay, que todavía no me lo acabo de creer.


En fin, la cosa es que vengo con ganas de hablar sobre los últimos descubrimientos-lecturas que he experimentado, y voy a empezar con un autor que me ha sorprendido a medida que he ido avanzando entre sus certeros ataques sobre sus vivencias de la guerra. Brecht fue un dramaturgo y poeta con un buen número de escritos tanto teóricos como artísticos, y por el momento sólo he podido leer una breve selección de poemas y canciones de Alianza editorial, de la serie Biblioteca fundamental de nuestro tiempo (1965). Aún así, me gustaría comentar lo que para mi merece ser mencionado de lo que pretendió expresar mediante su poesía.


Parecía que Bertolt sería alguien con una personalidad muy marcada y diferente a la del resto, según su forma de actuar durante toda su juventud frente a las normas, especialmente las de la burguesía, de hecho, estuvo cerca de la expulsión del colegio. Más adelante, tras haber conocido el expresionismo alemán, llegó Hitler, y se terció el ambiente rebosante de cultura. Brecht, obviamente, no encajaba, y enseguida tuvo que ser exiliado. Cuando llega algo tan duro como la guerra, acompañada de abandonar el hogar y lo que ha formado parte de ti, las reflexiones se endurecen, las opciones se acortan, y las decisiones son necesarias. Algo de esto es posible que tuviera que ver con su ingresión en el Partido Comunista tras el estudio de El Capital, de Karl Marx.


Pero lo que me parece realmente importante decir es el papel que tuvo durante la guerra. Fue ante todo un poeta humano, y pese a todo conflicto, no se antepuso ninguna ideología por muy claras que fueran sus ideas socialistas. Tenía claro que su lucha no se debía a construir un comunismo fuese como fuese, sino a tratar de llegar a conseguir un mundo mejor, y su método era como él, único. Pensaba que mediante el arte se podía transformar a una sociedad. En su poesía se refleja esto. Se preocupaba de una guerra que destruía personas, no de dos frentes en el que debía vencer el verdadero o el mejor. Le molestaba que se perdieran vidas, que se debiera dar todo por algo tan básico como es el derecho a comer y a ser respetado.
Cuando nos encontramos fuera de ese tipo de conflictos, parece heroico, aunque sabemos que debe ser horrible. Parece útil y necesario, aunque sabemos que es detestable. Pero Brecht, al igual que tantos millones de personas, lo vivió, y supo contárnoslo, llegando incluso a avisarnos de un error que sin duda hoy algunos cometen, excusándose en la lucha por la justicia, sea el color establecido que sea el predominante tras esa cortina abstracta. El poema se titula “A los hombres futuros”, del que destaco los siguientes versos:


“Vosotros, que surgiréis del marasmo
en el que nosotros nos hemos hundido,
cuando habléis de nuestras debilidades,
pensad también en los tiempos sombríos
de los que os habéis escapado.
...
Cambiábamos de país como de zapatos,
a través de las guerras de clases, y nos desesperábamos
donde sólo había injusticia y nadie se alzaba contra ella.
...
Y, sin embargo, sabíamos
que también el odio contra la bajeza
desfigura la cara.
También la ira contra la injusticia
pone ronca la voz. Desgraciadamente, nosotros,
que queríamos preparar el camino para la amabilidad,
no pudimos ser amables.
...
pero vosotros, cuando lleguen los tiempos
en que el hombre sea amigo del hombre,
pensad en nosotros
con indulgencia.”


Este poema es para mi de los más destacables de su obra. Brecht es capaz de alentar a luchar, y su lucha por la justicia mediante la expresión es constante hasta su muerte. Sin embargo, no pide que se continúe la lucha armada, sino que se obre con cordura. Esos versos desgarradores muestran a un hombre que detesta la guerra, que sabe que no tiene otro camino más que enfrentarla. El odio desfigura la cara, la ira pone ronca la voz. El odio es autodestructivo, la ira vuelve a uno inútil, si no hace más que responder con violencia. No es esa la verdadera forma de luchar. ¿No sería injusto desear la guerra que destruyó las opciones de felicidad y justicia que tenían nuestros muy cercanos antepasados?

 
Antes de acabar, quiero destacar también algunos breves poemas de su última obra, Elegías de Buckow, los que considero pequeñas joyas pero con un sabor fuerte y reflexivo.


El humo.
“La casita entre árboles junto al lago,
del tejado un hilo de humo.
Si faltase, qué desolación
casa, árboles, y lago.” 



A una raíz de té china con forma de león
“Temen tu garra los malvados.
Y se alegran los buenos con tu gracia.
Lo mismo
oír quisiera
de mis versos.

  


 
El cambio de la rueda
“Estoy sentado al borde de la carretera,
el conductor cambia la rueda.
No me gusta el lugar de donde vengo.
No me gusta el lugar a donde voy.
¿Por qué miro el cambio de la rueda
con impaciencia?” 



Satisfacciones
La primera mirada por la ventana al despertarse
el viejo libro vuelto a encontrar
rostros entusiasmados
nieve, el cambio de las estaciones
el periódico
el perro
la dialéctica
ducharse, nadar
música antigua
zapatos cómodos
comprender
música nueva
escribir, plantar
viajar
cantar
ser amable



Despues de que hayáis leido esto, sobran mis palabras. En definitiva:

Aún me queda mucho por conocer de este hombre poeta, pero no me cabe duda, tan sólo con esta lectura, que se trata de alguien grande no por su calidad, no por su inteligencia. Se trata de una voz clara y directa que defiende la lucha por la justicia y el bien, sin perderse en el fácil recurso del exceso de bravura, no obstante, tampoco en el de cobardía. Retrató su momento, y si creía que mediante el arte se puede cambiar una sociedad, tal vez debamos pensar más en lo que podemos aportar como soñadores, en acción, antes que como exaltados y convencidos poseedores de la verdad.