Uf,
hacía tiempo que no aparecía por aquí, ¿eh? Sí, me dirijo a ti, gen
invisible, existas o no existas, he de decirte que todo este tiempo he
estado ocupado entre presiones y estrés de trabajosos trabajos y
examinantes exámenes (y alguno que otro, incluso exterminante, vaya),
pero por lo menos ha valido la pena, porque ahora... ¡soy libre! Ay, que
todavía no me lo acabo de creer.
En fin, la cosa es que vengo con ganas de hablar sobre los últimos descubrimientos-lecturas que he experimentado, y voy a empezar con un autor que me ha sorprendido a medida que he ido avanzando entre sus certeros ataques sobre sus vivencias de la guerra. Brecht fue un dramaturgo y poeta con un buen número de escritos tanto teóricos como artísticos, y por el momento sólo he podido leer una breve selección de poemas y canciones de Alianza editorial, de la serie Biblioteca fundamental de nuestro tiempo (1965). Aún así, me gustaría comentar lo que para mi merece ser mencionado de lo que pretendió expresar mediante su poesía.
Parecía que Bertolt sería alguien con una personalidad muy marcada y diferente a la del resto, según su forma de actuar durante toda su juventud frente a las normas, especialmente las de la burguesía, de hecho, estuvo cerca de la expulsión del colegio. Más adelante, tras haber conocido el expresionismo alemán, llegó Hitler, y se terció el ambiente rebosante de cultura. Brecht, obviamente, no encajaba, y enseguida tuvo que ser exiliado. Cuando llega algo tan duro como la guerra, acompañada de abandonar el hogar y lo que ha formado parte de ti, las reflexiones se endurecen, las opciones se acortan, y las decisiones son necesarias. Algo de esto es posible que tuviera que ver con su ingresión en el Partido Comunista tras el estudio de El Capital, de Karl Marx.
Pero lo que me parece realmente importante decir es el papel que tuvo durante la guerra. Fue ante todo un poeta humano, y pese a todo conflicto, no se antepuso ninguna ideología por muy claras que fueran sus ideas socialistas. Tenía claro que su lucha no se debía a construir un comunismo fuese como fuese, sino a tratar de llegar a conseguir un mundo mejor, y su método era como él, único. Pensaba que mediante el arte se podía transformar a una sociedad. En su poesía se refleja esto. Se preocupaba de una guerra que destruía personas, no de dos frentes en el que debía vencer el verdadero o el mejor. Le molestaba que se perdieran vidas, que se debiera dar todo por algo tan básico como es el derecho a comer y a ser respetado.
Cuando nos encontramos fuera de ese tipo de conflictos, parece heroico, aunque sabemos que debe ser horrible. Parece útil y necesario, aunque sabemos que es detestable. Pero Brecht, al igual que tantos millones de personas, lo vivió, y supo contárnoslo, llegando incluso a avisarnos de un error que sin duda hoy algunos cometen, excusándose en la lucha por la justicia, sea el color establecido que sea el predominante tras esa cortina abstracta. El poema se titula “A los hombres futuros”, del que destaco los siguientes versos:
En fin, la cosa es que vengo con ganas de hablar sobre los últimos descubrimientos-lecturas que he experimentado, y voy a empezar con un autor que me ha sorprendido a medida que he ido avanzando entre sus certeros ataques sobre sus vivencias de la guerra. Brecht fue un dramaturgo y poeta con un buen número de escritos tanto teóricos como artísticos, y por el momento sólo he podido leer una breve selección de poemas y canciones de Alianza editorial, de la serie Biblioteca fundamental de nuestro tiempo (1965). Aún así, me gustaría comentar lo que para mi merece ser mencionado de lo que pretendió expresar mediante su poesía.
Parecía que Bertolt sería alguien con una personalidad muy marcada y diferente a la del resto, según su forma de actuar durante toda su juventud frente a las normas, especialmente las de la burguesía, de hecho, estuvo cerca de la expulsión del colegio. Más adelante, tras haber conocido el expresionismo alemán, llegó Hitler, y se terció el ambiente rebosante de cultura. Brecht, obviamente, no encajaba, y enseguida tuvo que ser exiliado. Cuando llega algo tan duro como la guerra, acompañada de abandonar el hogar y lo que ha formado parte de ti, las reflexiones se endurecen, las opciones se acortan, y las decisiones son necesarias. Algo de esto es posible que tuviera que ver con su ingresión en el Partido Comunista tras el estudio de El Capital, de Karl Marx.
Pero lo que me parece realmente importante decir es el papel que tuvo durante la guerra. Fue ante todo un poeta humano, y pese a todo conflicto, no se antepuso ninguna ideología por muy claras que fueran sus ideas socialistas. Tenía claro que su lucha no se debía a construir un comunismo fuese como fuese, sino a tratar de llegar a conseguir un mundo mejor, y su método era como él, único. Pensaba que mediante el arte se podía transformar a una sociedad. En su poesía se refleja esto. Se preocupaba de una guerra que destruía personas, no de dos frentes en el que debía vencer el verdadero o el mejor. Le molestaba que se perdieran vidas, que se debiera dar todo por algo tan básico como es el derecho a comer y a ser respetado.
Cuando nos encontramos fuera de ese tipo de conflictos, parece heroico, aunque sabemos que debe ser horrible. Parece útil y necesario, aunque sabemos que es detestable. Pero Brecht, al igual que tantos millones de personas, lo vivió, y supo contárnoslo, llegando incluso a avisarnos de un error que sin duda hoy algunos cometen, excusándose en la lucha por la justicia, sea el color establecido que sea el predominante tras esa cortina abstracta. El poema se titula “A los hombres futuros”, del que destaco los siguientes versos:
“Vosotros, que surgiréis del marasmo
en el que nosotros nos hemos hundido,
cuando habléis de nuestras debilidades,
pensad también en los tiempos sombríos
de los que os habéis escapado.
...
...
Cambiábamos de país como de zapatos,
a través de las guerras de clases, y nos desesperábamos
donde sólo había injusticia y nadie se alzaba contra ella.
...
...
Y, sin embargo, sabíamos
que también el odio contra la bajeza
desfigura la cara.
También la ira contra la injusticia
pone ronca la voz. Desgraciadamente, nosotros,
que queríamos preparar el camino para la amabilidad,
no pudimos ser amables.
...
...
pero vosotros, cuando lleguen los tiempos
en que el hombre sea amigo del hombre,
pensad en nosotros
con indulgencia.”
Este poema es para mi de los más destacables de su obra. Brecht es capaz de alentar a luchar, y su lucha por la justicia mediante la expresión es constante hasta su muerte. Sin embargo, no pide que se continúe la lucha armada, sino que se obre con cordura. Esos versos desgarradores muestran a un hombre que detesta la guerra, que sabe que no tiene otro camino más que enfrentarla. El odio desfigura la cara, la ira pone ronca la voz. El odio es autodestructivo, la ira vuelve a uno inútil, si no hace más que responder con violencia. No es esa la verdadera forma de luchar. ¿No sería injusto desear la guerra que destruyó las opciones de felicidad y justicia que tenían nuestros muy cercanos antepasados?
El humo.
“La casita entre árboles junto al lago,
del tejado un hilo de humo.
Si faltase, qué desolación
casa, árboles, y lago.”
A una raíz de té china con forma de león
“Temen tu garra los malvados.
Y se alegran los buenos con tu gracia.
Lo mismo
oír quisiera
de mis versos.
El cambio de la rueda
“Estoy sentado al borde de la carretera,
el conductor cambia la rueda.
No me gusta el lugar de donde vengo.
No me gusta el lugar a donde voy.
¿Por qué miro el cambio de la rueda
con impaciencia?”
Satisfacciones
La primera mirada por la ventana al despertarse
el viejo libro vuelto a encontrar
rostros entusiasmados
nieve, el cambio de las estaciones
el periódico
el perro
la dialéctica
ducharse, nadar
música antigua
zapatos cómodos
comprender
música nueva
escribir, plantar
viajar
cantar
ser amable
“La casita entre árboles junto al lago,
del tejado un hilo de humo.
Si faltase, qué desolación
casa, árboles, y lago.”
A una raíz de té china con forma de león
“Temen tu garra los malvados.
Y se alegran los buenos con tu gracia.
Lo mismo
oír quisiera
de mis versos.
El cambio de la rueda
“Estoy sentado al borde de la carretera,
el conductor cambia la rueda.
No me gusta el lugar de donde vengo.
No me gusta el lugar a donde voy.
¿Por qué miro el cambio de la rueda
con impaciencia?”
Satisfacciones
La primera mirada por la ventana al despertarse
el viejo libro vuelto a encontrar
rostros entusiasmados
nieve, el cambio de las estaciones
el periódico
el perro
la dialéctica
ducharse, nadar
música antigua
zapatos cómodos
comprender
música nueva
escribir, plantar
viajar
cantar
ser amable
Despues de que hayáis leido esto, sobran mis palabras. En definitiva:
Aún me queda mucho por conocer de este hombre poeta, pero no me cabe duda, tan sólo con esta lectura, que se trata de alguien grande no por su calidad, no por su inteligencia. Se trata de una voz clara y directa que defiende la lucha por la justicia y el bien, sin perderse en el fácil recurso del exceso de bravura, no obstante, tampoco en el de cobardía. Retrató su momento, y si creía que mediante el arte se puede cambiar una sociedad, tal vez debamos pensar más en lo que podemos aportar como soñadores, en acción, antes que como exaltados y convencidos poseedores de la verdad.

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