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lunes, 11 de junio de 2012

Entre la admiración y el rechazo hacia Ernest Hemingway

Quedan unos pocos días para la llegada oficial del verano, pero parece que como en la mayoría de ocasiones, al calentorro vacacional se le antojó brindarnos un saludo preparatorio de su llegada, porque el calor que hace desde semanas atrás poco tiene que ver con la oh, dulce primavera. Aunque más bien se están dando de tortas para ver qué estación dura más, porque tenemos la asfixia veraniega y ese ambiente trastornador que hace aparecer alergias florales, que genera dolores de cabeza, y que, por lo menos a mi, también me produce estornudar, irónicamente, justo cuando más calor hace. El resultado seguirá igual de empatado, aunque por suerte o por desgracia, el verano acaba venciendo y diciendo "ahá, preparáos, porque lo de la gota gorda va a ser una broma comparado con lo que os voy a hacer jadear y sudar".

Pues eso, ya he leido algunos escritos del estadounidense (aunque podría pasar por europeo) E. Hemingway, y como digo en el título, no estoy seguro de si le admiro o le detesto, y posiblemente ocurre una mezcla de ambas cosas. En este caso se trata de de una recopilación con su novela Adiós a las armas, y también algunos relatos de entre los que destaca Las nieves del Kilimanjaro, que pertenece originalmente a la obra Fifth Column and first Forty-nine Stories. Los otros relatos son estos: La corta y feliz vida de Francis Macomber,  La capital del mundo, Allá en Michigan, y El anciano del puente. De la colección Premios Nobel de Literatura, de RBA promociones Editoriales, (2001).
 Me quedo con las ganas por el momento de leer otras obras clave de este carismático periodista-escritor, principalmente Fiesta, la obra que lo lanzó a la fama, Por quién doblan las campanas, que está basada en sus experiencias como corresponsal de guerra en la civil española, como Adiós a las armas lo está en las de Italia, y El viejo y el mar, por la que recibió el Premio Pulitzer.

Por el momento quiero decir que lo que me hace sentir aprecio y ganas de saber más sobre él es su estilo al construir las frases, peculiar con la repetición de palabras que no hace pesada ni rompe su narración, sino que aún más,  le brinda un calor y una cercanía, dotándole de una especie de lirismo extraño pero efectivo. No creáis que esto significa que escribe de esta manera todo el rato, es una característica que para mi es como el licor de crema de whisky:  dulce pero fuerte con el toque del alcohol. Muy presente este en Hemingway, además. (Por desgracia, también lo fue así en su vida tardía).
Por su puesto, sus historias son atrapantes, pues fuera de ideologías, narra las experiencias de guerras recientes, de las que estuvo más que cerca, con un estilo muy claro y directo. No rellena sus descripciones. Son tan transparentes que llegan como imágenes en primera persona, como si declarara sus recuerdos ante un juez que le ordena ser conciso.
Ese es un punto muy fuerte a su favor, porque son historias basadas en buena parte en sus propias experiencias, en muchas ocasiones reflejadas en sus relatos, o por lo menos, en el que trata sobre su vida en Italia, que es de la que puedo hablar. Es un hecho, pues conociendo superficialmente su recorrido, tanto su herida de guerra como su relación amorosa narradas en esta novela, se sabe que fueron reales (exceptuando matices, supongo).

Por otro lado, debo decir que por lo menos en esta novela, el protagonista es un personaje del que apenas tenemos información. De hecho, me imagino a su misma persona, y por eso hay ocasiones en las que su forma de hablar puede que choque en cierta manera con su personalidad. A este protagonista se le conoce por sus actos y muy poco por su forma de pensar, y si pensamos en su pasado o en sus motivaciones, nada se puede decir en claro. Por último, y espero que sea una excepción, son sus diálogos con su amada los que no me han convencido. tan repetitivos que cansan, sin apenas diferencias a lo largo del relato, por poco se podían diferenciar si cogemos todos ellos y los contrastamos sin el contenido narrativo restante.
Como decía su estilo es conciso y claro, y tal vez por eso los diálogos sean así de insustanciales, por otra parte, es un punto a favor de la sencillez, aunque para mi, se trata de un elemento que monotoniza la narración, todo y que sus problemas, luchas, dolores, placeres y sueños, son contados de una manera amena, a la vez que provoca excitación y emoción. Estamos en su piel cuando piensa, cuando sufre y cuando sueña, pero aburre cuando se pone ñoño con la novia, y es posible que sea debido a que él no hablaba de esa manera en la realidad, aunque claro, esto son divagaciones e ideas que pasan por aquí, y que mis dedos deciden apuntar (sí, ellos y no mi mente).

Qué puedo decir, sus diálogos no me han gustado, pero su hombría, su sencillez, su claridad y su honradez mostrada me hacen desear hacerme con sus otras obras para devorarlas y descubrir más la figura literaria de alguien que no tuvo temores a la hora de afrontar batallas a muerte que no tenían por qué tener que ver con él, y aún así, él las hizo suyas. Alguien que puede verse como egoísta, machista, o antiguo, aunque para mi, lo más importante radica en su personalidad fuerte y sin reflejo de dudas, porque tener, por seguro que las tenía. Pero es lo que alguien muestra y no lo que se oculta lo que a nosotros nos es demostrado, al igual que yo prefiero mostraros mis seguridades sobre él, y se resumen en ser una figura ejemplar en bravura, en valentía, y en su preocupación por los conflictos sociales hasta el punto de no dudar en dar la vida por lo que creía justo y veraz.


1 comentario:

  1. Implacable y ñoño a la vez, jeje... buena descripción.

    Me gusta mucho tu artículo, aunque reconozco que no he leído nada de Hemingway, fallo mío. Me ha recordado a la peli de Woody Allen: "Medianoche en París" donde vienen y van varios personajes ilustres de la Generación Perdida, entre ellos un Hemingway bravucón pero noble.

    Me gusta mucho tu blog.
    1 abrazo

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