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sábado, 2 de junio de 2012

O. Henry: Ante todo, un gran cuentista.

Otro día más, y sigo adaptándome a eso llamado "vacaciones". Es la primera vez que el cambio de exámenes-tranquilidad me pega tan fuerte. ¡Y me encanta!
Ayer acabé un libro que he estado leyendo a ratos durante estas dos últimas semanas, al mismo tiempo que descubría un autor del cuál no había oído hablar, por lo que le he conocido directamente por la lectura de una recopilación de algunos de sus cuentos (tiene cientos) llamado Esto no es un cuento y otros cuentos (2008), de Ediciones Barataria.

William Sidney Porter, el que es su auténtico nombre, lo cambió al de O. Henry ("O" de Oscar o de Oliverio, o de Osvaldo, vete tú a saber, no he encontrado si acaso significaba más que una simple "O") tras su reputación por malversación de fondos y posterior periodo en la cárcel. Fue un cuentista, además de farmacéutico y periodista, aspectos de su persona que no interesan en este momento. La verdad es que leer toda su obra es más bien complicado, pues durante toda su vida escribió breves relatos para publicaciones periódicas, y tenemos pocas ediciones en español, aunque destaca una recopilación en dos tomos de 1960.

No soy especialmente amante de los cuentos, pero reconozco que son capaces de exprimir las ideas de la mente de tal forma que consigue crear una expresión mucho más compacta de lo que puede llegar a ser una novela o un relato largo. Alguien dijo que en realidad el mejor método para comunicar algo mediante la literatura son los relatos breves, por ser suficientes en tamaño y claros frente a un texto largo, que debido a su naturaleza de amplitud necesita de numerosos rellenos para poder ser realizada, lo que puede encaminar con facilidad a perderse en aspectos secundarios o redundantes del mensaje principal.

Esto O. Henry lo utiliza muy bien, porque construye una forma literaria que al ser publicada periódicamente no cansa ni aburre. Además, lo que más destaca en su estilo es la sorpresa final y el giro maestro que siempre da en las conclusiones de sus relatos. Personalmente, de su estilo me quedo con la sutileza y sensación de fluidez que transmite su lenguaje, capaz de retratar una personalidad del autor que destaca por agilidad a la hora de tratar las discusiones y los diálogos. Además, sus cuentos lo convierten en un retratista de su época. Las numerosas referencias a la guerra civil estadounidense, y sobre todo a los conflictos entre los estados del norte y del sur, y también a sus distintas personalidades, configuran un mapa alimentado de personajes masculinos de mentes despiertas y de espíritus valientes como el de Willie Robbins, capaz de ir a la guerra y ganarse el respeto de toda una nación con tal de demostrar su hombría y recobrar su honor ante las burlas de una lacerante mujer, y también de personajes femeninos en los que refleja el complicado objetivo de descubrir el mecanismo de la personalidad de la mujer ante el trato y cortejo del hombre. Pero esto se queda corto ante todo lo que O. Henry muestra en su obra. La pobreza,  el romanticismo del encuentro de una pareja, el reto viril en la conquista de una mujer, el trato de amibilidad con respecto a los nativos americanos y otras temáticas ocupan los tantísimos relatos de un autor tan brillante como desgraciado, pues acabó como tantos otros: pese a haber vivido entre dos guerras (la Guerra Civil y la Gran Guerra) libre de grandes revoluciones y peligros, murió en la miseria por culpa de un bastardo demasiado común y atroz, el alcohol, que por desgracia parece ser un gran enemigo de aquellos escritores carazterizados por ser personas solitarias, pero a la vez de únicos.


PD: Os dejo además un interesante y misterioso artículo sobre este autor, relacionado con su supuesto último relato y con Borges.

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