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domingo, 17 de junio de 2012

Truman Capote en Música para Camaleones: Una personalidad envidiable

Es sorprendente cómo es capaz de asombrarte, encandilarte, y absorver tus entrañas como lector y ser sentimental y pensante un escritor del que apenas sabes algo hasta hace unos días, cuando te topas con una obra ¿interesante? ¿prometedora? ¿abstracta y atrayente? Esta vez encontré un autor del que se decía que fue creador de géneros, pero ante todo un gran dominante de la escritura en sus distintas formas, de una gran sensibilidad para percibir y expresar su mundo, su sociedad y sus canales internos, propios de un caminante de submundos sorprendentemente realista, y sin temor o timidez a la hora de mostrarlo en el papel. Y así es cómo me sentí irresistiblemente arrancado a leer sin darle turno en la sala de espera a este significante trozo de Truman: Música para camaleones. Es eso lo que busco en la literatura, y lo que algún día me gustaría ser capaz de crear desde mi estómago y desde mi mente, sin permitir que los límites que se levantan por las razones que tanto abundan para pararnos los pies a la hora de hablar o decir algo, lleguen a diluir el cañonazo o el vómito, según las circunstancias.

La forma en la que he descubierto a Truman Capote creo que no ha podido ser mejor aun en el caso de que hubiera leído antes A sangre fría u Otras voces, otros ámbitos. Truman Capote se caracteriza, mirando la punta del iceberg, como un innovador en la escritura, principalmente por el conocido periodismo literario o literatura documental pero también, como he podido ver en este libro, por una serie de innovaciones en las técnicas importadas de otros formatos, como el modo de escritura del guión cinematográfico en el caso de los diálogos. Además, se trata de un libro en el que él mismo (TC) aparece en sus relatos, dato del que no fui consciente (más bien por suerte que por desgracia, pues mayor ha sido el regusto final) hasta el mismo final de la obra. Se trata de un conjunto de relatos, no de una historia lineal, que recoge diversas historias repartidas en tres partes: una primera con el título del libro, con relatos con un ritmo, una sutiliza y una dulzura propia e independiente del resto, que no cansa incluso si te encuentras en un caso, -en el que como yo- no conoces la naturaleza o estructura y objeto de la obra. Suelo decir que siempre me cansaron recopilaciones de cuentos, por buenos que fuesen. Pues, no ha sido este el caso. Obvio es que no todos tienen la misma fuerza o interés para los diferentes tipos de lectores, pero es indudable que ninguno tiene desperdicio. La segunda parte es un único relato, el más largo, que rivaliza en calidad, según los críticos, con el triunfante y anterior A sangre fría. Y la tercera parte se asemeja más a la primera, otro conjunto de relatos que pretenden retratar personajes reales y conversaciones con los mismos.

De esa última parte podría destacar Una hermosa criatura, en el que aparece Marilyn Monroe como personaje principal enfocado en esta pieza de música cambiante, aunque personalmente, el más impactante por su realismo y por la mayor incursión del escritor como personalidad presente en el relato es el último, Vueltas nocturnas, o cómo practican la sexualidad los gemelos siameses, en el que no se trata más que de él mismo, de un diálogo intrapersonal en el que nos deja indagar en su propia conciencia y pensamiento, y en el que no oculta su definición: alcohólico, drogadicto, homosexual, y un genio. Y, también nos enseña cómo pese a su muestra de poco amiguismo con las religiones, bucea en las profundidades de lo posible, encontrando allí a Dios, con quien afirma estar teniendo una mayor cercanía con el paso del tiempo. Una relación lenta y con brechas, pero presente. Desgraciadamente, tras leer estas palabras del genial y admirable relato, supe que Truman Capote murió de sobredosis tan sólo cuatro años después de haber publicado Música para camaleones, período en el que una de esas malditas depresiones, acabó con sus esperanzas y con su ambición. En este mismo libro, él había rechazado la opinión del que antaño se suicidó, Yukio Mishima, quién en su biografía decía que estaba seguro de que Truman Capote se suicidaría. Capote replica con estas palabras: " (...) No puedo figurarme lo que le habría llevado a esa conclusión. Mis visitas a Mishima fueron muy cordiales. Aunque Mishima era un hombre sensible, extraordinariamente intuitivo, y no alguien para ser tomado a la ligera. Pero en este aspecto creo que le falló la intuición; yo jamás tendría el valor de hacer lo que él hizo. (...)" Capote no cambió de parecer, pero ladepresión producida por la mezcla del aislamiento social y personal sumado a la drogradicción, fue por desgracia letal.


Cuanto menos, no se puede decir que su vida fuera poco aprovechada. Si se le puede admirar como genialísimo creador y escritor, es gracias a su gran capacidad de constancia y de trabajo.
Es imposible tratar de resumir los motivos que hay para leer esta obra experimental única. No sólo merece la pena hacerle un hueco en nuestra experiencia y en nuestras vivencias por ser un grande, por el control de su sutil y efectivo estilo, o por sus curiosas y atractivas innovaciones en la literatura contemporánea. A mi parecer, merece la pena sobre todo porque Música para camaleones es un fuerte reflejo de una vida única, repleto de frases, ideas y reflexiones que nos envían datos esenciales sobre la identidad de uno de los personajes con mayor personalidad en nuestra época. Que alguien se atreva a mostrarse a sí mismo pese a las condiciones sociales existentes en su momento de aparición como escritor, merece nuestra atención.

Es fácil desear ser diferente, lo realmente difícil es ser de verdad alguien autónomo y diferente no en un futuro, sino en el día a día. Nosotros seguimos caminando, pero en Truman Capote encontramos un concepto de valentía y honor muy diferente al tradicional héroe vencedor de batallas y odiseas, pero posiblemente también se trate de una valentía y una transparencia más veraz y significativa ante lo que es nuestra batalla real: la búsqueda de nuestra esencia personal y única en nuestra serpenteante y contínua existencia.


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