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domingo, 29 de junio de 2014

Antoine de Saint-Exupéry. Vuelo Nocturno


Saint-Exupéry es el nombre de un escritor francés que al ser oído se asocia con la famosa, singular y especial obra Le Petit Prince (El Principito), y aunque es una digantoine-de-saint-exuperyna relación, Antoine tiene mucha historia emocionante detrás suya. Desde niño quiso ser piloto. Sentía verdadera pasión instintiva por volar y desde temprana edad lo hizo constar con sus propias palabras. Pero no era el patriótico alumno que Francia esperaba. Suspendió la prueba de acceso a la escuela naval por una pregunta de carácter político que se negó a suspender, y no fue hasta unos años más tarde cuando pudo pilotar por primera vez. "Saint-Exupéry, usted no se matará nunca en avión; si no, ya lo hubiera hecho". Estas fueron las palabras que el comandante le destinó cuando volvió salvo de su primera experiencia, en la que tuvo que realizar un aterrizaje de emergencia y poco le faltó para estrellarse. Por desgracia, el comandante se equivocó, aunque muy buena parte de razón tenía. Continuó pilotando siempre, hasta el final de sus días. Se estrelló en varias ocasiones quedando muy cerca de la muerte: una vez cayó en mitad del desierto deshidratado y semi-inconsciente, siendo rescatado tras varios días; en otras ocasiones sufrió graves daños que le inhabilitaron durante meses (la más importante, una fractura de cráneo). Pero Exupéry jamás se resignó a dejar los pies quietos en la tierra, ni cuando se convirtió en un escritor famoso y respetado ni cuando la avanzada edad ejercía cierta resistencia para ser aceptado de nuevo por las autoridades militares. Aun así, le asignaron unas cuantas misiones más. Y aquí se acabó la suerte que había pronosticado aquel comandante. Desapareció de la tierra, casi literalmente, un 31 de Julio de 1942 en plena II Guerra Mundial, volando abordo de un P-38 (el de la foto de abajo) que ni siquiera estaba equipado con munición. Tiempo más tarde se encontraron restos de sus pertenencias que ayudaron a identificar el lugar de su final. Había sido abatido por un aviador alemán.

Antoine de Saint-Exupéry fue un valiente que encontró el sentido de su vida en formar un único ser con los pájaros de hierro al sobrevolar las ciudades. Además de aviador fue un detallista escritor de ficción que retrató muchas de sus aventuras y las de otros camaradas aviadores, con los que se convirtió en un importante escritor dentro del género de la literatura de acción además de la infantil. También fue testimonio de primera calidad de la experiencia que suponía pilotar en los años 40, cuando las metralletas disparaban a través de las hélices en movimiento y cuando el radar que les guiaba era tan sofisticado como un tipo de copiloto con un mapa en el regazo, además de la radio, claro, que normalmente sufría interferencias  que anulaban la comunicación cuando el clima no era muy propicio. Aparte de la ficción, Exupéry participó también como reportero de guerra. Una de sus obras, de hecho, trata sobre su experiencia durante la Guerra Civil Española.

Vuelo Nocturno. El reto del abismo. 

Una de las obras que expresan el peligro, la tensión y el significado de ser aviador en aquella época es la novela Vuelo Nocturno, que se centra en ambientar un reto aéreo y empresarial clave en la evolución de los vuelos de mercancías. Por entonces ya existían redes aéreas comerciales, sobre todo para enviar correo postal de un país a otro con mayor rapidez. Sin embargo, estos servicios comerciales también eran cubiertos por otros vehículos: camiones y barcos, que pese a ser más lentos, trabajaban tanto de día como de noche, y era en este Lightning_-_1horario nocturno cuando esas formas de transporte sacaban ventaja económica a las empresas aéreas. Como es lógico sabiendo cómo ha sido el ser humano en el siglo XX con eso de hacer dinero, las empresas aéreas no se conformaron, y arriesgaron enviando a sus pilotos a la inseguridad de la noche. Era una completa locura y se esperaba que semejante reto acabara en desgracia. Efectivamente, hubieron accidentes por problemas de visibilidad y fallos en los pronósticos temporales, pero los aviadores siguieron surcando los cielos negros hasta estandarizar esa práctica, que por muchos años no fue demasiado segura.
En esta novela Exupéry refleja los miedos, la incertidumbre y sobre todo el coraje y la obcecación con la que Rivière, personaje inspirado en Didier Daurat (jefe de la compañía Latécoère, en la que trabajaba Antoine) enfrenta los riesgos y las posibilidades de fracaso y de crítica social a causa de sus soberbias metas empresariales. Es el verdadero protagonista de la historia. Le seguimos en todas sus decisiones y pensamientos: cuando ordena, cuando reflexiona, cuando decide, cuando soluciona un problema; todo lo que nos permite reconstruir la mente de un hombre que fue pionero en eso de los vuelos nocturnos. Sus cualidades, sin duda, se centran en la calculabilidad de recursos y en saber tratar a los empleados con una psicología que puede causar alguna que otra controversia.
 
El piloto y el avión: uno mismo

Si hay algo que destaca y hace especial a este libro de Exupéry es la poética de las descripciones y metáforas relacionadas con el avión, el cielo y sobre todo, la relación del hombre con la máquina y su distancia física y no tan física con el resto del mundo cuando están en pleno vuelo. Como resultado queda una historia concisa, contada en muy pocas y precisas palabras e imágenes, en la que gran parte del contenido son metáforas que elevan la figura del aviador, ensalzan la simbiosis de este con el avión y el cielo, y demuestran la inmensidad del mundo y la insignificancia apreciable que desde las nubes se obtiene de los humanos que además, será observada desde fuera; es decir, el aviador humano, cuando está en el aire, forma parte de esa inmensidad, de esa especie de inmortalidad y deidad de la que participa sólo durante las horas que le permite el carburante.
Ensalzar al aviador es un objetivo clave de esta obra. El aviador es mostrado como alguien normal, que lleva una vida como otra cualquiera excepto por una gran razón: él ha conocido la libertad, y por peligrosa que resulte, jamás cambiará la seguridad por el placer de volar.

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