Empezado el nuevo año de Universidad, llegados los tantos proyectos personales y obligado por los excesivos trabajos y tareas varias, corro peligro de ir dejando cojas a las buenas intenciones que tengo para este blog. A nadie le resulta agradable cojear, pero es un problema que está ahí, y yo espero ir curándolo cubriendo de escayola mi humor y incrustando pastillas calmantes en la presión que suele lograr impedirme escribir y hacer casi todo lo que me gustaría. Ea, vamos al ajo:
La última vez hablé sobre Nathaniel Hawthorne y La Casa de los Siete Tejados, el romanticismo oscuro y esos ambientes y descripciones tan especiales dentro y fuera del hogar de los Pyncheon. En realidad, si digo que nos vamos no muy lejos, a un autor de la misma época, (primera mitad del S. XIX) podría parecer que toque hoy un estilo parecido, pensaréis, incluso, de algún autor colega del anterior; romántico, estadounidense.... Pues no. Nos vamos al hemisferio contrario de la cultura norteamericana, a Rusia, con uno de los padres de la literatura patria, en este caso, además, alguien que llevó la base de un realismo que influyó en la mayoría de grandes figuras futuras literarias y artísticas de Rusia. Antes de él, Pushkin ya había marcado un nuevo camino cultural en el imperio, por lo que es considerado el fundador de las letras rusas modernas, pero es Gógol quien produce una obra que otorga por vez primera una personalidad y una voz propias a Rusia, quien lanza la alfombra del realismo que influyó a posteriores escritores rusos de la talla de Dostoyevski o Tolstói
Para quien no lo sepa, en la Rusia imperial hubo una época en la que los mujik (los siervos, los campesinos sin propiedades) se contabilizaban como parte de la hacienda incluso después de muertos. Esto provocó numerosos trapicheos, y como aún ya fallecidos, según las escrituras legales, contaban como vivos, se adjudicó el término de "almas muertas" para aquellas almas. Y que digo yo, debían ir bambando por la atmósfera reclamando su maldita libertad para poder por fin dejar de trabajar, aunque fuese figuradamente, claro.
Pável Ivánovich Chíchikov llega como un consejero colegiado en viaje por asuntos particulares a la ciudad de N. (no menciona la ciudad) y pronto gana la amistad de la mayoría de altos cargos y terratenientes de la zona, gracias a su perfecta presentación y sus impecables formas de comportamiento. Su voz, sus palabras: es un hombre perfecto que sabe como tratar a cada persona según su personalidad y sobre todo, su rango social, técnica de la que dice Gógol, todo ruso conoce muy bien. Vamos conociendo a su persona cada vez desde un punto más cercano, más personal. Llegamos a conocer la educación que recibió, cómo consigue escalar socialmente gracias a su inteligencia práctica y cómo es liquidado económicamente, razón última que le lleva a realizar este viaje a N. en busca de las almas muertas. ¿Cómo puede un estafador no desagradar ni por un sólo momento? Gógol supo la manera, de tal forma que convirtió al mismísimo lector en la misma clase de personas a las que nuestro Chíchikov conoce: embriagados por su personalidad decidida y atractiva. Llega, incluso, a describir la forma en la que los personajes imaginan al protagonista viajero, cómo le juzgan, cómo le entienden. ¿Y qué pasa con esto? Algo que demuestra que nuestro querido autor ucraniano es, como mínimo, tan listo como su propio protagonista: cuando Gógol describe a esos ciudadanos y terratenientes, sus pensamientos sobre Chíchikov suelen coincidir con los que el lector está teniendo, y con los sentimientos y sensaciones que el lector ha ido desarrollando tras saber más y más sobre el "héroe", que es como llama a la figura cautivadora a la que seguimos en su viaje. Este paralelismo no puede ser, de ninguna forma, arbitrario. Gógol sabe muy bien qué busca con su obra, y demonios, ¡qué manera de conseguirlo y dar en el blanco!. Nos presenta una contradicción de esas que en su propio significado, resulta ser una verdad, un hecho. Apreciamos a un personaje que podría estafarnos, nos resulta agradable y no podemos negar ni esto ni su valía, porque tiene sus propios principios, no se contradice, y si bien puede parecer un egoísta descentrado, la verdad es que resulta ser un superviviente bastante legal, en el otro sentido de esta palabra, claro, no refiriéndome a las leyes del estado.
Aquí no acaban las sorpresas que este ucraniano, escritor en lengua rusa, nos brinda con su peculiar estilo. Él mismo se inmiscuye dentro de la trama, llamándose "el Autor", expresando propios pensamientos o acciones: "el Autor considera que... el Autor, por eso, ha decidido cambiar esto y... al Autor no le gusta... el Autor ruega paciencia al lector..." etc. Gógol se nombra como autor que decide tal o cual cosa. Es un narrador
que no crea escenas, sino que conoce y retrata los hechos tal como son, y esto es resaltado con estas inclusiones de sí mismo, sin reparo en reconocer su papel de creador al tiempo que alguien que cuenta una realidad. En definitiva, presenta su historia como cierta, no como una ficción. Estas características van apareciendo sustentadas en un lenguaje activo, rápido, de fácil desenvoltura incluso en las descripciones más habituales, y conjugado con el estilo satírico logra una lectura amena y divertida; más que eso, una lectura que lleva a buscar y buscar más de lo que el escritor tiene que decirnos.
Pero volviendo a ese apego ante una persona que no debería (tal vez) agradarnos, hay tras esto algo más: Se trata de un estafador que nos es presentado como un "héroe" (de nuevo, medio irónicamente medio en serio, meritorio por sus hazañas), y le cogemos cariño
porque le comprendemos. Caemos en el saco de los abobados ante su buena
apariencia y cuidadoso tacto, tal como sus propios conocidos, amigos, o engañados. Pero al mismo tiempo, esto mismo resuelve una
crítica al sistema, como mínimo, sino desde su propia voluntad expresada, sí desde la perspectiva en la que ironiza
sobre estos asuntos sociales que tienen lugar el la Rusia de Nicolás I. Como mínimo digo, pues el autor no explica esta intención en ninguna parte, pero es algo que todo su escrito va retratando, una crítica construida mediante la transición de escenas y sucesos, de formas de hablar y del trato hacia la gente según su papel social por parte de esos altos cargos con centenares de almas de mujiks en sus terrenos cedidos o comprados. Una crítica a todo ese fondo pantanoso y sustentado en la esclavitud de unas personas que son administradas como simples números útiles y explotados. Con esto no me refiero a que contenga una crítica a la esclavitud, sino al motivo principal que está relacionado con ello: las almas muertas, los huecos del sistema.
Antes he dicho que se molesta en comentar ciertas notas, advertencias al lector desde su papel de autor. Pues bien, también refleja su opinión, aunque a la hora de redactarla sobre hombres y mujeres de la aristocracia rusa, si bien no se abstiene de detalles, si que llega a disculparse (tímidamente). A ese grupo de alta condición femenino, las mujeres de los terratenientes y políticos, digamos que no las refleja con un aprecio muy alto. Más bien, y por decir una imagen parecida a la impresión que nos cuenta en su relato, las retrata como un lobby.Sí, un grupo de presión cuya opinión, al ser generalizada, bien puede ensalzarte y conseguirte una esposa, o al contrario: puede hundir tu reputación en los salones y en los mismísimos asuntos (honrados o no) que lleves en la ciudad donde has osado ofenderlas de cualquier forma. Esto le pasa al héroe en el día del baile de celebración de su gran compra de almas muertas (a quienes los demás, menos unos pocos, creen que son siervos vivitos, sucios y vagos). De hecho, significa su final en el lugar. Aunque en no menor lugar de patetismo deja a los hombres: los divide entre dos clases: gordos y flacos. Cada grupo con sus características. Muy claro lo tenía nuestro querido Autor. Esta clase de definiciones parecen ser algo propio de Gógol, pero lo mejor de todo, es que no creo que se alejara mucho de la realidad.
Antes de cerrar los comentarios sobre el argumento, quiero hacer incapié especialmente en una parte. Esta historia se divide en dos partes: la historia de Pável Ivanóvich Chíchikov, y en segundo lugar, la de Tentétnikov y de cómo estos dos se conocen y posteriores sucesos. He de declararme admirador del comienzo de esta segunda parte. Del cómo nos presenta a este nuevo personaje como un indeseable, un sosainas y un echado a perder: rico, con unas tierras formidables, y matando de hambre a los mujiks y abandonando sus tierras desaprovechando sus posibilidades. Matándose a sí mismo, sin hacer nada de valor. Y, cómo nos
da la vuelta -de nuevo- a la realidad, y nos muestra cómo el hombre ante el que estamos resultaba ser toda una promesa: preocupado por la verdad, por la justicia, por las grandes obras, por el amor... y cómo se dejó de lado a sí mismo tras la muerte de su maestro, de todo lo que aquello significó para él; la desilusión del mundo que le esperaba, la irrealidad del trabajo en el que parecía condenado a existir. La vuelta al campo y su reincidente declive, por otras causas esta vez.
Dicho así podría parecer una historia típica, algo general, sin mayor interés: yo no soy Gógol. Puedo pecar de idealista, pero debo decir que los párrafos de esta parte de la historia se convierten en pura magia. Gógol, a estas alturas, ya ha conseguido domarnos, hacernos ver que no somos capaces de ver la verdad por mucho que hagan como si nos la cuentan, que no somos quienes para enjuiciar, menos para valorar. Y nos vuelve a romper de nuevo. A este momento le acompaña algo que -creo- a muchos de nosotros nos pasa en algún momento de nuestra existencia. Estamos viendo cómo una persona capaz es destrozada en plena etapa final de su educación (o cercanamente posterior). No ha importado su inteligencia. Sus puertas se han cerrado por la muerte de un hombre que sabía educar, que sabía enseñar y lo que hacía falta enseñar. Porque lo que quedaba tras él no era suficiente para guiar a este hombre decidido a trabajar para cambiar el mundo, aunque fuera un pequeño mundo. En resumen: cómo la ilusión de un joven se ve truncada ante la brecha que provoca la realidad enrevesada sobre las esperanzas que no han podido ser apoyadas por un conocimiento necesario para ello, porque no fue dado en esa juventud, cuando debía llegar. Puede que a nosotros no se nos haya muerto ese maestro (a algunos también esto les coincide) pero la regla es esa: una preparación insuficiente o desviada, inutilizada ante un mundo que desgraciadamente no cuenta con personas, sino que cuenta personas. Le importa las características, los papeles, los números que califican a las personas y no las personas en sí.
Para acabar copio un par de fragmentos que destacan personalmente, para mí. La palabra camino ha tenido un importante significado en mi experiencia desde hace cierto tiempo, la he utilizado de varias formas, y la seguiré usando de otras tantas. Leyendo la obra de Nikolai Gógol descubrí (como otras varias cosas) que para él también tenía algo especial esta palabra y lo que ella puede contarnos y hacernos ver, pensar y sentir. En su caso, sería la palabra дорога, que actualmente significa camino en ruso (desconozco si él usó una palabra diferente). Os dejo pues con estos fragmentos. ¡Seguro que a algun@ que otr@ consigue hacerle ver esta palabra de una forma mucho más moldeable y atrayente!
"¿Qué cosa atrayente y portentosa hay en la palabra camino? La misma palabra nos llama, nos lleva. ¡Y qué maravilloso es el propio camino" (pp. 236)
"¡Dios mío! ¡Qué hermoso eres en ocasiones, lejano camino! ¡Cuántas veces he recurrido a tí, como el que muere y se ahoga, y siempre me sacaste a flote y me salvaste generosamente! ¡Y cuántos proyectos maravillosos nacieron de ti, cuántos sueños poéticos y cuántas impresiones pasmosas has hecho nacer! (pp. 238).*
Y nada más. Aquí os dejo unos enlaces MUY recomendables para indagar más en este sorprendente creador:
- Aquí una página en la que podéis leer algunos de los cuentos de Gógol.
- Y aquí he encontrado la novela Almas Muertas completa (hasta que Gógol interrumpe el manuscrito), con un buen e interesante prólogo sobre el autor.
* Ambas citas extraídas del libro Almas Muertas de la editorial Planeta, año 2000.
La espera ha merecido la pena, quizá sea cierto eso de "lo bueno se hace esperar " o sencillamente sea una falacia en boca de impresentables, pedantes o cobardes.
ResponderEliminarEn tu caso, Fer, consigues abrir un nuevo horizonte a descubrir, una nueva cerradura donde mirar en el mundo de la literatura, y todo eso gracias a tus artículos. Artículos que seguiré aguardando.
Me está encantado la casa de los siete tejados, gracias por descubrirmela, y, quizá me anime con "el ruso " en cuanto tenga un momento de paz mental, aunque el choque de romanticismo versus realismo pueda ser peligroso. El personajes que describes es completamente atrayente - ¿antihéroe quizá? - Y tengo el gusanillo de saber algo más sobre él.
Por último, mencionar que la palabra camino, como El Autor lo describe es atractiva, hechizante, cautivadora... Lástima que no siempre los caminos sean fáciles de recorrer, lástima esas cuestas empinadas, esas brechas que separan, esos guijarros de aristas afiladas que deshacen las suelas del caminante y le impiden seguir adelante. A mi entender, el camino es un enigma, un "adelante, Atrévete " , el camino no es más que seguir caminando, como bien dijo Machado.
Un saludo, colega de las letras.
Espero impaciente una nueva entrada.
Gracias por seguirme, pese a mi "inpuntualidad", en cada artículo e idea que ha ido saliendo. Yo creo que lo de "lo bueno se hace esperar" es verdad. De hecho, confío en ello cada día desde hace cierto tiempo, es algo que se me ha ido grabado a fuego lento. Ese fuego, esa espera, se conoce de encontronazo en cualquier camino. Y creo, que si un camino merece la pena, esa condición siempre conlleva que será duro, lento, costoso. Pero si no abandonas, siempre ofrece recompensa cuando llegas al final.
EliminarEste personaje es otro tipo de héroe, antiéroe quizá, a su manera, sí. En el pdf que he enlazado al final puedes leer un poco para comprobar cómo es el personaje de primera mano, aunque no tengas tiempo para leerlo entero.
Y, como tú dices, y yo radicalizo: el camino es un "adelante, atrévete", por lo que no atreverse, y no avanzar, pese a los riesgos que pueda conllevar esa decisión, significa simplemente no caminar, que no hay camino. Ya sabes que soy algo radical en ciertos sentidos :). Por eso siempre hay que avanzar para poder llegar a algún sitio. Camino sencillo, no llega muy lejos. El camino duro puede provocar algú esguince, pero a veces merece la pena incluso seguirlo estando lesionado (me acabo de acordar de algo que me pasó en el de santiago). Las botas se compran si se rajan, las heridas cicatrizan, las brechas se rellenan o se saltan, pero las oportunidades se arrugan y acaban diluyéndose por entre las rendijas de esos guijarros si no se les permite el paso. ¡No me enrollo más!
Un saludo, y... ¡haz que tu camino merezca la pena!
Sobre la roca, el caminante descansa y contempla la escarpada ruta que se abre - o se va cerrando entre espino- frente a él, mientras tanto piensa en una antigua leyenda china que habla sobre el río amarillo.
ResponderEliminarEspero de todo corazón que sean muchos los que lleguen a conocerte, como artista y persona, son muchos los que se pierden todo lo que eres.
Que nuestro camino merezca la pena, pese a los obstáculos.