No debe ser fácil presenciar una partida de cartas y contemplar con nostálgica espera como reparten y te toca a ti existir como poetisa y pensadora en una época y un lugar en el que a una mujer le era encargado por norma social hacer poco más que cuidar de la casa. No había una negatividad total sobre el hecho de ser una mujer artista, en ese caso, Emily Dickinson no hubiera tenido correspondencia con distintas personas sobre el arte, la religión, y todo lo demás. Pero ser mujer y escribir lo que pasa por dentro de una, sin molestarse en formalismos o en la forma en que sus escritos serán publicados, sin duda no iba a ser plato de buen gusto para la sociedad puritana de Nueva Inglaterra, de nuevo en la tierra de Hawthorne, aunque en la ciudad de Amherst esta vez.
Que esta mujer escribiera sin la intención de publicar (nunca lo hizo con su verdadero nombre), y aún más, sin la voluntad de que se leyese lo que de ella salía, salvo dos o tres personas cercanas, es un vivo símbolo andante de lo que es y significa ser poeta o poetisa en el mundo. En cualquier época y condición la poesía brota como las plantas y los árboles, sin parar por encontrar el más pesado y gran obstáculo, hasta subir creciendo y morir en lo más alto de su figura, pese a no ser conocido más que por los cuatro monos y hormigas que merodean por sus faldas.
Emily Dickinson eyectó de forma ingeniosa y bella aquello que sintió y pensó al lado de un ambiente nada propicio para que pudiera mostrar su mundo más allá de las fronteras de las amistades cercanas.
Por esto no podemos encontrar obras suyas diferenciadas por tema o motivo. no escribía pensando en la publicación o en marcos de algún tipo, sino simplemente escribía sus ideas en pequeños poemas cada vez. Y así quedó una colección de más de mil setecientos poemas, normalmente con rima y entre las que destaca la yámbica.
En ellos se nota su especial interés por la naturaleza y en especial por las plantas. , y muchas veces sorprende los juegos de metáforas empleados, así como el ingenio de algunas ideas. Pero es mejor que os ejemplifique directamente con algunos que para mi destacaron por su gracia o por su belleza. Es una pena, otra vez, que no pueda hablar má sobre su creación al no haber leído su obra en lengua original, pero todo llegará. Aun así, esta vez no hay queja por la traducción, pues viene de parte de una gran poetisa del XX, Silvina Ocampo, y esa calidad también se nota en una traducción que suele conseguir aunar el ritmo, el sentido y la belleza.
Sin enrrollarme más, ¡ahí van!
Si rememorar fuera olvidar,
entonces no recordaría.
Y si olvidar fuera rememorar,
qué cerca de olvidar estaría.
Y si echar de menos, fuera divertido
y llorar, alegría
¡cuán dichosos serían los dedos
que juntaron esto hoy!
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El éxito es más dulce
para los que nunca triunfan.
Apreciar un néctar requiere
una cruel necesidad.
¡Ni una de las purpúreas huestes
que llevaron la bandera hoy
puede dar una definición
tan clara de la victoria
como el vencido moribundo
en cuyo vedado oído
el distante clamor del triunfo
estalla agonizante y claro!
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Lo que puedo hacer lo haré
aunque sea pequeño como un narciso
lo que no pueda tiene que ser
desconocido a la posibilidad.
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Hay un cierto sesgo de luz
en las tardes de invierno
que oprime, como
la profunidad de las catedrales
celestial herida nos da.
no podemos encontrar la cicatriz,
sino la diferencia interna,
dónde está el significado.
nadie puede describirlo -nadie-
es el sello desesperado
una imperial aflicción
enviada del aire
cuando llega, el paisaje escucha
sombras contienen su hálito
cundo parte, es como la distancia
en la mirada de la muerte.
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Más que la innovación o la técnica de esta escritora (que no es escasa esta segunda) destacaría la potencia de su persona, capaz de vencer montes y mares por ella sola, consigo sola y en ella sin más la mayoría de tiempo en vida. Pues incluso su más cercano confidente, al que llamaba Maestro, no tomó en serio algunas de las técnicas o de los acabados de los poemas, y además, a la hora póstuma de su edición se tomó el privilegio de editar con su mano algunas rimas y versos. Y a pesar de todo esto, quitando tantos baches e inseguridades como las que ella misma en alguna ocasión expresó sufrir, mantuvo continuos sus escritos hasta el final de los días, y llegando así a convertirse en uno de los símbolos literarios de su época junto a las figuras de Hawthorne, Melville, o Thoureau. ¿Qué se le puede echar en cara más que la alabanza por tan fuerte voluntad y fuerza de espíritu?
Pues bien, esta vez un poco breve, dejo esto y voy a seguir probando con las sextillas de pie quebrado y las tankas, que menudo cacao me van armando.

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