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martes, 3 de julio de 2012

Primeras impresiones con Paul Auster: Invisible

Hace un par de semanas pude ver un programa de Página 2, el programa literario de La 2, en el que habían cazado a Paul Auster en su visita a España para entrevistarle sobre su nueva obra Diario de Invierno. Era la primera vez que le oía hablar, e incluso la primera que oí hablar sobre una de sus obras en una entrevista. Sentía curiosidad, pues su nombre es conocido, pero nunca he tenido uno de sus libros a mano y todavía no le conocía cara a cara. Sinceramente, pronto me llegaron primarias sensaciones: no sabía exactamente por qué, pero aquel hombre me gustaba, no por lo que escribía, sino por sus palabras, su forma de hablar y sobre todo, por lo que decía. Su opinión sobre la vida y sus etapas, por ejemplo. Me dio la sensación de una madurez mayor a la que la mayoría de personas suele tener, incluidos muchos escritores. Y así me decidí a leer algo suyo, lo que encontrara. Días después me encontraba en una biblioteca, donde de entre varios, me decidí a emprender un libro cuya primera página contenía, entre otras, estas líneas: " (...) Por entonces yo era un estudiante de segundo curso en Columbia, un muchacho sin formar con ansia de libros y la creencia (o ilusión) de que algún día tendría las suficientes cualidades para considerarme poeta (...)". Vaya, vaya. Así que estaba yo ante una descripción que podría haber sido la mía, menos por lo de Columbia, vamos. Además, en esa misma página mencionaba a Dante, el del infierno, el humanista italiano, el creador de la Divina Comedia. Tan divina que fue uno de mis libros favoritos en mi temprana adolescencia, aunque es cierto que no llegué a acabarla, (demasiados líos de instituto y, sobre todo, otras cosas). Para resumir: Ese joven protagonista se topará con un hombre que cambiará su vida, aparentemente gracias a su aportación económica para la creación de una revista literaria, pero tal vez debido a otras causas.

Cuando llevaba medio libro ya había cesado mi encanto a causa de mi supuesto parecido con el personaje, pues al contrario que él, ni soy un buen jugador de béisbol, ni soy un tipo que encandila a las mujeres de cualquier edad sólo con acariciar mi rostro con la mirada. Pero, por otra parte, el libro ya me había encandilado a mi por otros métodos. Se trata de Invisible, su penúltima novela (2009). 
El estilo es en apariencia simple, quiero decir, no contiene un vocabulario farragoso, y las frases son sencillas, sin demasiados adornos, pero hay un considerable nivel de estructura, de ideas, de pensamientos, que ese lenguaje sencillo acompaña a una narración ciertamente profunda y detallista. Además,  las cuatro partes del libro tocan los tiempos presente y pasado, y en cuanto al enfoque, la primera  y tercera persona. No es un libro sencillo, pero lo trata de forma en la que sí lo parece. 
Hay, también, un doble juego respecto a la veracidad del relato, de forma indirecta o subjetiva. Por una parte los datos del personaje protagonista (Adam Walker) coinciden en muchos casos con los del mismo autor (estudió en Columbia, la misma edad en el 67, quería ser poeta, le gustaba el béisbol...), y por otra, la historia nos es donada como veraz, habiendo sido reemplazados los nombres de los personajes por otros que son ficticios. Se queda en recurso narrativo, supongo. Todo esto en compañía de la trama, es enriquecido por la variedad de géneros. 
A modo de anécdota creo que merece hacer referencia a cierta curiosidad. A parte de la estructura externa en cuatro piezas, hay otra que Auster señala brevemente en ciertos momentos de la historia, marcando el tema central de la historia: el trauma de Walker y su venganza. Así, en la página 174 encontramos " (...) Se derrumba la torre Eiffel. Se incendia hasta el último edificio de París. Fin del acto I. Telón." Corresponde al encuentro con Born en París por primera vez. Su mundo se desmorona, su miedo, que sólo podía ser rara coincidencia, se hace realidad. Al poco rato, en la página 205: "El metro está inundado de excrementos humanos. Los muertos están saliendo de sus tumbas. Fin del acto II. Telón." Tras esto señala el comienzo del acto tres. Se ha introducido con decisión para llevar a cabo su plan, ya no hay vuelta atrás. comienza el desenlace de su historia con Born. Aun así, más que una estructura real, parece un recurso expresivo que refuerza lo que más ha marcado, fatalmente, la vida del joven Adam Walker.

Hablando un poco del contenido, deja un regusto amargo pero, desde luego, satisfactorio y hondo, debido a la cercanía que logramos con el personaje tanto por la información que se nos da como el tiempo en el que le acompañamos, y las perspectivas desde las que le observamos. Conocemos la fuerza y el sueño de su juventud, su curioso desarrollo infantil y adolescencia en compañía de su hermana Gwyn, su decadencia y vejez enferma, y el relato de París que dejaría el eterno poso de amargura en su existencia, quedando en el el recuerdo de Margot, y de Cécile y su madre. Y además, le seguimos desde su propio relato y desde su antiguo compañero y actual escritor. La historia de su joven andanza es presentada cargada de un relevante tono filosófico que enfrenta las etiquetas sociales y la sexualidad. Podemos estar enfrascados en un lenguaje sencillo pero culto, y de repente toparnos con palabros no precisamente desconocidos o poco frecuentes, sobre todo dentro del tema del sexo y su humorístico argot. Pero más allá del léxico vulgar, del que no abusa en absoluto para demostrar su mente abierta, (como, por cierto, otros parece que necesitan hacer), se trata de los problemas y dilemas que los personajes presentan. Así, un impactante Adam, cuyo camino es torcido por siempre tras conocer a Born, y su vejez necesita escupir sus adentros pasados. Un Rudolf Born extraño y con posible transtorno mental, del que no llegamos a conocer su verdadero rostro oculto, y unos personajes no tan desarrollados que aún así presentan sus propios dilemas. Y aquí, el de una mujer insatisfecha como Margot, o el de una mujer, Gwyn, de la que nos quedamos con la duda sobre la veracidad de su afirmación en cuanto al tipo de relación que mantuvo con su hermano. Se puede minimizar a una palabra: psicología. Todos los personajes tienen un perfil psicológico de cierta complicación. A eso se le suma la reflexión filosófica que se puede rascar en las relaciones entre los personajes mencionados, y tenemos una historia compleja pero que es fácil de seguir y que engancha, ¡vaya que si engancha! 

Supongo que el que gire en torno al mundo literario, pues son constantes las referencias a escritores, y los mismos personajes tienen vinculación con la crítica literaria, además de la traducción de libros, además de esos matices y recovecos que he comentado, le da un fuerte impulso para convertirse en una de mis novelas favoritas hasta la fecha, además de un gran inicio de mi cara a cara con Paul Auster, y por tanto, una apetitosa carta de invitación a saborear algunas de sus otras obras que preceden a la que se dice, es una de sus mejores novelas publicadas.

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