Cuando hube leído el primer capítulo del libro y paré a pensar qué había pasado, supe que había entendido poca cosa para las páginas que había dejado atrás. Pensé directamente que era posible que esta fuera una de esas ocasiones en las que te ha tocado pagarla por un gazapo de traducción. Pero como era el primero, pensé "a ver si se aclara más adelante". Sí, lo iba entendiendo, pero no disfrutaba la historia como debería. Si se tratase de un autor desconocido del que no sabes cómo escribe, se puede dudar de su calidad, pero del bien representado señor Fitzgerald por su buen y sencillo estilo no se podía entender un texto con frases sueltas o con poco sentido, de párrafos con una unión extraña. Una narración que muchas veces perdía la coherencia, que hacía difícil su comprensión tanto general como de los detalles que se han intentado traducir a nuestra lengua, tal vez, demasiado literalmente.
Por desgracia no es difícil encontrarse de vez en cuando traducciones que, ni más ni menos, se cargan una buena obra, en este caso literaria. Os aseguro que de aquí a menos de un año estaré leyendo originales en inglés y en francés. Sí, es un reto colosal, porque bueno, mi inglés no está mal, aunque queda mucho por mejorar, pero el francés lo conozco tanto como la verdad absoluta, así que me queda mucho trabajo para cumplir esta impulsiva promesa.
Por último en cuanto a traducciones y Gran Gatsby, una recomendación a aquellos que quieran leerlo en castellano: No cojáis el de ediciones Plaza Y Janés (la más antigua que se hizo en castellano que yo sepa), ni tampoco la edición Debolsillo, son ambas servidas de la misma traducción, de E. Piñas, porque su nombre conjuga muy bien con el resultado de su trabajo, un piñazo. En cambio, aunque no la he leído, he oído que el de la editorial Alfaguara tiene otra traducción que parece más fiel y buena que la que comento.
Pero yendo a lo realmente importante, la historia, que pese a todo la he podido disfrutar, sacrificando en buena parte el estilo, me ha parecido muy buena imagen-reflejo de esa parte del ser humano que se ocupa de administrar sus sueños, del empeño que nos hace obcecarnos con un objetivo y dedicarle tanta parte de nosotros que acaba expandiéndose por nuestras ilusiones y esperanzas como un auténtico tumor del espíritu. O como dice el mismo Scott F. en El gran Gatsby, «pagar un alto precio por vivir demasiado tiempo con un sólo sueño», un precio cuyo reclamo no escapa a este personaje tras años de incesante preocupación por su único y gran objetivo, símil crítico y triste del gran sueño americano.
Es una buena dosis, también, de conciencia, ante aquella frase "las apariencias engañan", encarnada en los rumores sobre la sombra de Gatsby y también sobre las buenas personas que aparentan ser la chica de oro, Daisy, y su capacitado marido. Todos ellos crean una espiral de problemas que trastorna al protagonista hasta el punto de detestar a todos los personajes menos a, en apariencia contradictoria, su enigmático vecino.
Y es curioso que el protagonista, Nick Carraway, sea uno de los personajes menos principales del relato, pues nos sirve más como guía y narrador que como centro de interés de información. Conocemos lo que leemos "gracias a él", pero aunque forma parte del mundo narrado, no conserva una importancia más relevante, salvo en situaciones que sirve como nexo entre los personajes. No es su historia la que nos interesa, sino la que él conoce. Aún así, se trata de un personaje bien desarrollado, sabemos prácticamente todo de él, aunque no conozcamos su mundo interior en profundidad (al menos es la sensación al leer esta edición que he comentado antes), sí que podemos hablar de su honradez e incluso de parte de su personalidad.
Hablando de significados, me centraré en dos aspectos de un personaje que fue un símbolo, como su creador, en los años veinte, y aún más en adelante. En primer lugar, El gran Gatsby me recuerda a una película de 1941 que se convirtió en un clásico y en una pieza de referencia de evolución en el cine en todos sus sentidos; Ciudadano Kane, de Orson Welles. Para quien la haya visto (y si no, vedla), cabe pensar en las semblanzas entre ambos protagonistas. Gatsby, al igual que Kane, hereda una enorme fortuna. Kane, al igual que Gatsby, eleva un espectacular palacio para sí sólo, que se convierte en templo de su soledad y de su vida reducida a la persecución de un éxito concreto. Y ambos ellos, acaban muriendo en soledad (aunque en apariencia no lo sea, en el caso de Kane). Aún así, para mi las diferencias son obvias, y rompen los lazos que les puedan unir. Sinceramente, Gatsby es un romántico. Un soñador fijado en una única mujer que lleva sin ver durante años, y a la que sigue amando, sin dudar de que su sentimiento sea recíproco tras la erosión de los sucesos en el tiempo trascurrido.
El segundo aspecto, me fue revelador antes de que el desarrollo de la novela nos diera a saber de qué pie cojeaba Gatsby, fue un dato sencillo sobre su habitación privada: En la enorme e inacabable mansión en la que habitaba, él dormía en la menos esplendorosa, en la menos adornada, en la más sencilla y humilde de todas. Otro reflejo del personaje: Por el exterior sembla grandioso, impactante, complicado de entender y de conocer, pero su interior está libre de retorcimiento. El exteterior sólo es una fachada inventada para atraer a una mujer de buena posición social, mientras que en su interior reside la esencia de una persona que es capaz de dar todo hasta el final por el único sueño de reencontrarse y reconquistar a su amada del pasado.
En fin, sin duda se trata de una gran creación literaria que hizo chapó al intentar reflejar una sociedad y una de las asignaturas con más intríngulis del ser humano, que es la que se ocupa de los sueños e ilusiones, de la fuerza de voluntad y del mal que es capaz de hacer el fugaz y extraño paso del tiempo y la complejidad que configura nuestros pensamientos y sentimientos, o tal vez sea más bien su simpleza y hedonista conducta la que nos hace vivir sin ser capaces de encontrar nuestro lugar, nuestra gente, nuestro propio y reducido mundo, nuestras respuestas y nuestras complacencias, desde las más rutinarias hasta las más significativas en el punto flaco de nuestro estómago de los deseos.
No quiero imaginar qué impacto hubiera tenido en mi este libro de haber disfrutado directamente de la tinta de F. Scott Fitzgerald, habiendo podido revelar mis dudas de estilo que hoy os estoy contando. Algún día lo leeré en su lengua, y entonces podré volver aquí a concluir un problema que no debería existir en cosas tan esenciales como la alimentación a base de letras, arte, y mucho misterio humano.
PD: Os dejo un artículo interesante que he encontrado en el sitio de otro bloggero, y por lo visto también escritor:
Blog de Juan Herrezuelo, artículo sobre El gran Gatsby de Scott Fitzgerald

Te devuelvo visita con retraso, pero estos días me cuesta horrores sacar tiempo para entrar cualquier bitácora, la mía la primera. Existen hoy siete traducciones diferentes del Gatsby, de las cuales yo he leído tres. Ayudado por dos de ellas y un diccionario hice hace un par de años mi propia lectura del original, por eso conozco bien la belleza de la prosa de Fitzgerald. La de E. Piñas es la que más insatisfecho me dejó, en efecto, y disfruté mucho con la de López Muñoz en Alfaguara, pero sin duda es Justo Navarro, para Anagrama, quien ha acertado con la mejor traducción posible (de las que he leído, claro). Te la recomiendo.
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